5 may. 2014

Volviendo a los orígenes: Génesis 1-3 y el centro teológico de las Escrituras
Richard Davidson
Universidad Andrews, Michigan, USA


Introducción

En tiempos modernos los eruditos bíblicos han propuesto muchas sugerencias con respecto a lo que constituye el centro teológico de las Escrituras. Personalmente he reunido más de treinta propuestas diferentes que en el ámbito de la erudición se supone que sea el centro del AT o de la Biblia como un todo[1] y aquí les presento una lista parcial de dichas propuestas (y un erudito representativo para cada propuesta):


1. El Pacto (Walter Eichrodt)
2. La santidad de Dios (Ernst Sellin)
3. La “experiencia de Dios” (O. J. Baab)
4. Dios como Señor (Ludwig Koehler)
5. La elección de Israel como pueblo de Dios (Hans Wilberger)
6. El dominio de Dios (Horst Seebass)
7. El reino de Dios (Guenther Klein)
8. La “comunión” (Th. C. Vriezen)
9. El gobierno de Dios y la comunión entre Dios y el hombre (Georg Fohrer)
10. Pacto-reino (Rudolph Schnackenburg)
11. Yahveh el Dios de Israel; Israel el pueblo de Yahweh (Rudolf Smend)
12. La exclusividad de Dios (W. H. Schmidt)
13. El nombre de Yahweh (el primer mandamiento, Walter Zimmerli)
14. El libro de Deuteronomio (H. Herrmann)
15. Promesa-bendición (Walter Kaiser)
16. La fe en la creación (H. H. Schmid)
17. Justicia (Walter Dietrich)
18. Justicia y rectitud (Rolf P. Knierim)
19. La presencia elusiva de Dios, con una dialéctica de la crítica y la estética (Samuel Terrien)
20. Yahweh. Con la teología deuteronomística de la historia como el centro secreto (Gerhard von Rad en sus últimos años)
21. Dios como el centro dinámico unificador (Gerhard Hasel)
22. No tiene centro (Gerhard von Rad en sus primeros años y George Ernest Wright)
23. Dios-Hombre-Salvación (G. A. F. Knight)
24. Cristo (H. L. Elison)
25. La dialéctica de la liberación y bendición (Claus Westermann)
26. La dialéctica de la providencia y la elección (Walter Brueggemann en sus primeros años)
27. La dialéctica de la ley y la promesa (Ronald E. Clements)
28. Un centro múltiple “expresado diagramáticamente por un cilindro elíptico. El centro es Cristo, los puntos focales son Dios (Yahweh) y el pueblo (Israel); los estratos concéntricos del cilindro son la elección, la promesa, el pacto, el reino, etc.; y la longitud del cilindro es el tiempo en el cual Israel tuvo su experiencia con Dios en la historia” (D. F. Baker)
29. Un centro cuádruple de liberación, comunidad, conocimiento de Dios y vida abundante (Elmer Martens)[2]
30. La imagen metafórica de la sala de la corte judicial: reclamos legales, —testimonio, disputa, intercesión— afirmada por Yahweh, el Dios de Israel (Walter Brueggemann)[3]
31. Monoteísmo —la existencia y la adoración de un solo Dios (Oaul R. House)[4]
32. La hermenéutica de la gracia (J. McCann, Jr.)[5]
33. La historia de la salvación (Oscar Cullmann)[6]

Pareciera, según esta lista, que algunos eruditos sugieren un tema singular como el centro teológico, otros proponen un centro bipolar (dialéctico), y otros todavía arguyen por un conjunto de varios temas. Otros incluso niegan la existencia de algún centro teológico de la Biblia.

Una metodología sugerente que permita mostrar el centro teológico de la Escritura

En medio de esta plétora de propuestas para el centro teológico del AT y de la Escritura como un todo, ¿cómo puede uno decidir cuál, si es que lo hay, es el correcto? Yo he meditado largamente este asunto. En este estudio sugiero que tal vez hemos hecho de la elección del centro de la Escritura un asunto muy complicado, y hemos pasado por alto la localización más obvia para el descubrimiento de este centro. ¿Cómo encuentra uno la tesis principal de cualquier libro que no sea de ficción? Como profesor de seminario, yo necesito mantenerme al tanto de muchas disertaciones que aparecen cada año en mi disciplina. Muchas de ellas no son dignas de gastar horas leyendo cada página de la tortuosidad de su argumentación. De manera que ¿cómo descubro yo el argumento principal? En un libro regular que no sea de contenido ficticio, uno descubre el argumento principal del libro leyendo su introducción y su conclusión. ¿Por qué no hacer lo mismo con la Biblia? ¿Acaso Dios no inspiró la Biblia para que fuera escrita de modo que pudiera ser entendida por los humanos? ¿No habría él usado la manera familiar que tenemos al leer otros libros al aclararnos su mayor centro? Así pues, yo sugiero que el asunto central de la Biblia aparece en sus capítulos iniciales y finales.
Esta posibilidad de sentido común es sugerida por una tendencia relativamente reciente en la erudición bíblica. En los últimos treinta años, o algo parecido, se ha dado una atención renovada a la forma final de la Escritura, y Gén 1-3 ha sido de manera creciente reconocida como algo aparte de la Escritura, constituyendo una especie de prólogo o introducción. Estos capítulos iniciales de la Escritura son ahora considerados ampliamente como los que nos proveen el paradigma para el resto de la Biblia.[7] Así, por ejemplo Phyllis Bird escribe:

Canónicamente, el entendimiento de la naturaleza humana expresado o implicado en las leyes, la literatura sapiencial, las narraciones, los textos proféticos y otros géneros de las Escrituras hebreas pueden ser vistos como un comentario de los textos de la creación... La primera declaración de la Biblia concerniente a la humanidad permanece como la declaración normativa que gobierna a todos los demás.[8]

John Ranking resume la convicción creciente entre los eruditos bíblicos, declarando: “ya sea uno liberal o evangélico, es claro que Gén 1-3 es el fundamento interpretativo de toda la Escritura”.[9]
Yo he llegado a la convicción de que en estos capítulos introductorios de Gén 1-3 está resumido el centro multifacético de las Escrituras. Así pues, le invito a ir “de vuelta al principio”, para vislumbrar las grandes pinceladas del centro teológico de las Escrituras a medida que éste surge de la introducción canónica de la Biblia.

El centro teológico, tal como emerge de Gén 1-3

1. Al abrir uno la primera página de la Biblia y leer sus dos primeros capítulos ¿qué tema es aparente de inmediato? Sí, la creación divina. Y no solamente la creación per se, sino el diseño original de Dios para su creación: para Adán y Eva, su hogar, su trabajo, su dieta, su relación social con cada una de las especies animales, su día de descanso, etc. De manera que la creación es una primera faceta obvia del diamante multifacético que abarca el centro teológico al comienzo de la Escritura.
2. Pero una mirada más cercana nos revela un asunto aún más resaltante. ¿Por qué el relato de la creación es presentado en dos partes? Al mencionar la semana de la creación en Gén 1 (que en realidad continúa en Gén 2:4a), el Creador es denominado “Dios”, usando el sustantivo hebreo Elohim; en tanto que en el resto del capítulo 2, que abarca la segunda parte del relato de la creación, el autor menciona al Creador con el nombre de Yahweh en hebreo, que generalmente es traducido como “Señor”.
Los críticos han alegado que esta peculiaridad proporciona la evidencia que existen dos fuentes para dos relatos distintos, pero al alegar de este modo ellos pasan por alto el punto central profundo que es bosquejado en estos dos capítulos. Estudios recientes han mostrado que las dos partes no presentan dos conjeturadas fuentes, sino más bien forman una unidad compuesta por un solo autor.[10] En Gén 1 y 2 Moisés no sólo está describiendo el acto divino de la creación original de Dios diseñado para la humanidad. Él también está revelando elocuentemente el carácter de Dios.
En Gén 1 Dios aparece como Elohim. Éste es el nombre genérico de Dios. El significa “poderoso”, y el plural probablemente sirve como un superlativo, significando “el Todopoderoso”. Él es el Dios omnipotente. Él habla y es hecho. Él es el Trascendente, totalmente separado y por encima de su creación. Él es el Infinito, el Creador todopoderoso y soberano. Él es Elohim.
En Gén 2 es introducido el nombre Yahweh junto con Elohim. Yahweh es el nombre personal, o el de pacto de Dios. Él es quien desciende para estar con sus criaturas, que se inclina sobre un trozo de arcilla, y sopla en las narices de Adán el aliento de vida; el que toma una de las costillas de Adán y diseña arquitectónicamente una hermosa criatura para que sea su compañera.
Él es el Dios íntimo y cuidadoso. Dos nombres de Dios —y un doble retrato del carácter de Dios. Sólo el verdadero Dios de la tradición judeo-cristiana es tanto infinito (Elohim) como personal (Yahweh). Los dioses de las religiones orientales son infinitos, pero no personales; los dioses de los griegos en el occidente son personales, pero no infinitos.
Solamente el Dios de las Escrituras es ambas realidades. Él es todopoderoso; Él puede hacer cualquier cosa; Él es el sustentador de todo; Él es todo misericordioso.
De esta manera en el acto dramático de la creación en Gén 1 y 2 Moisés describe la creación de Dios y su propósito original para el hombre y este planeta. Ésta es la primera faceta teológica central de la Escritura. Pero lo que es más, como una segunda faceta, es que Moisés indica claramente el carácter de Dios. ¿Por qué es tan importante enfatizar el carácter del Creador justo aquí al comienzo de la Escritura? Solamente contra este trasfondo podemos captar el punto en Gén 3.
3. Gén 3 describe el surgimiento de un conflicto moral sobre la tierra. Y ¿cuál es el asunto de este conflicto? El asunto es el carácter de Dios. La serpiente arroja dudas sobre la bondad del Creador, con sus preguntas insinuantes a Eva. En esencia, la serpiente sisea: “¿Crees tú que Dios haya dicho realmente eso? Mírame, yo he comido el fruto y ahora puedo hablar. ¿Te imaginas lo que serías capaz de hacer si comieras? ¡Serás semejante a Dios! En realidad Dios está tratando de privarte de algo, porque no quiere compartirlo. Pero tú en realidad no morirás al comer.
Porque ¿no es él acaso el todopoderoso y misericordioso Dios que dice ser?” Adán y Eva creyeron la insinuante mentira de una serpiente y las puertas del diluvio se abrieron para inundar el mundo. La tercera faceta del centro teológico de la Escritura es el surgimiento de la controversia moral; y este conflicto se ensaña contra el carácter de Dios. Leemos en la primera parte de Gén 3:15 las palabras de Dios: “Yo pondré enemistad entre ti (la serpiente) y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella”. Aquí está la predicción del conflicto moral continuo a lo largo de la historia entre los descendientes espirituales de Satanás y los descendientes espirituales de Eva.
4. Pero éste mismo versículo revela también una cuarta faceta de este diamante que es el centro de la Escritura. ¿Es la enemistad descrita en el versículo 15 un odio natural? ¡No! Después que Adán y Eva pecaron, no había más enemistad natural entre ellos y la serpiente. Ellos mismos se habían vendido a la serpiente, y sus corazones se convirtieron depravados e inclinados hacia el mal tal como el de la serpiente. Ellos no odiaban el mal; ellos eran atraídos por el mal. Pero en este versículo Dios mismo promete implantar enemistad entre Eva y la serpiente y entre los descendientes espirituales (una “simiente” colectiva) de ambos.[11] Aquí está la primera promesa evangélica. La estructura de todo el capítulo tres de Gén es quiásmica, y exactamente en el centro, y en el ápice del quiasmo, vv. 14-15,[12] se encuentra lo que los teólogos denominan el protoevangelio —¡la primera promesa evangélica!
La mitad de Gén 3:15 va al corazón de esta promesa y muestra que está centrada en una persona. Dios dice a la serpiente: “Él te aplastará la cabeza, y tú aplastarás su calcañar”. En una disertación doctoral acuciosa, Afolarin Ojewole, muestra cómo en este versículo el conflicto se estrecha desde muchos descendientes (una “simiente” colectiva) en la primera parte del versículo a un pronombre singular masculino en la última parte del versículo —Él— la Simiente representativa final de la mujer, posteriormente revelada como el Mesías, herirá tu cabeza; Satanás, y tú herirás su talón.[13] Ésta es la cuarta faceta del centro teológico de la Escritura —la promesa de redención centrada en la persona de la simiente mesiánica. El lenguaje de pacto encontrado en conexión con Gén 3:15, hecho incluso más explícito posteriormente en el canon bíblico, indica que esta promesa es en realidad el primer anuncio de pacto eterno entre el Padre y el Hijo, que una solución para el problema del pecado sería establecida.[14] Así la cuarta faceta del centro teológico es la promesa del pacto evangélico de una solución al conflicto moral, centrado en la simiente mesiánica.

Resumen

Ha habido muchas sugerencias de parte de los eruditos bíblicos acerca de qué es lo que constituye el centro teológico de las Escrituras. En los últimos años, una cantidad de académicos han reconocido que los primeros capítulos de la Biblia, Gén 1-3, proveen un paradigma canónico para el Pentateuco, así como para todas las Sagradas Escrituras. En este trabajo, yo sugiero que una cuidadosa lectura de Gén 1-3 permite emerger el multifacético centro teológico de las Escrituras. Este centro encuentra además un substancial apoyo en la introducción cronológica de su compañero bíblico, el libro de Job, el cual fue escrito alrededor de la misma época cuando se escribió el Génesis, y también en la conclusión de las Escrituras, Apocalipsis 20-22. Los comentarios inspirados de Elena de White también apoyan a las conclusiones arribadas en Gén 1-3. El multifacético centro teológico de las Escrituras no es para ser usado como un principio organizativo reduccionista para la teología bíblica, sino como un punto de orientación, desde el cual ver holísticamente los contenidos del resto de la Biblia.

Publicado en el libro Volviendo a los orígenes, ed. Merling Alomía, et. al (Lima: Universidad Peruana Unión, 2006), 3-12.



[1]La mayoría de estas propuestas, con referencias bibliográficas, están resumidas en Gerhard F. Hasel, Old Testament Theology: Basic Issues in the Current Debate, 4ta. Edición revisada y aumentada (Grand Rapids: Eerdmans, 1991), 139-171. Henning Graf Reventlow, Problems of Biblical Theology in the Twentieth Century, trad. John Bowden (Philadelpia: Fortess, 1986),145-178: D. L. Baker, Two Testaments, One Bible: A Study of Some Modern Solutions to the Theological Problem of the Relationship between the Old and the New Testaments (Downers Grove: InterVarsity, 1977), 377-386. Los centros propuestos que no aparecen en estos estudios básicos aparecen en notas de pie de página por separado.
[2]Elmer A. Martens, Gods Design: A Focus on Old Testament Theology (Grand Rapids: Baker, 1981), 11-24.
[3]Walter Brueggemann, Theology of the Old Testament: Testimony, Dispute, Advocacy (Minneapolis: Fortress, 1997), xvi-xvii.
[4]Paul R. House, Old Testament Theology (Downers Grove: InterVarsity Press, 1998), 56-57.
[5]J. Clinton McCann, Jr., “The Hermeneutics of Grace: Discerning the Bible´s ‘Single Plot,’” Interpretation 57 (2003) 9-15.
[6]Oscar Cullmann, Salvation in History (New York: Harper & Row, 1967), 294ss. Aunque Cullmann era un erudito neotestamentario, él sugirió que la historia de la salvación era el centro teológico de toda la Biblia.
[7]Ver, e.g., Deborah F. Sawyer, God, Gender and the Bible (London: Routledge, 2002), 24, 29.
[8]Phyllis A. Bird, “‘Bone of my Bone and Flesh of my Flesh’” , ThTo 50 (1994) 525, 527.
[9]John Ranking, “Power and Génder at the Divinity School” en Kelly Monroe, ed., Finding God at Harvard: Spiritual Journey of Thinking Christians (Grand Rapids: Zondervan, 1996), 203.
[10]Ver especialmente los siguientes: Jacques Doukan, The Literary Structure of the Génesis Creation Story, Andrews University Seminary Doctoral Dissertation Series, vol. 5 (Berrien Springs: Andrews University Press, 1978); William Shea, “Literary Structural Parallels between Génsis 1 and 2”, Origins 16 (1989) 49-68. Para la evidencia que apoya la unidad y/o la autoría mosaica del Gén (y del Pentateuco como un todo), ver por ejemplo, Gleason L. Archer, A Survey of Old Testament Introduction (Chicago: Moody Press, 1974) 81-176 (y de manera especial 127-128); Umberto Cassuto, The Documentary Hypothesis (Jerusalem: Magnes Press, 1961); idem, A Commentary on the Book of Génesis, vol. 1, trad. Israel Abrams (Jerusalem: Magnes Press, Hebrew University, 1961), 7-20; 84-100; Duane Garrett, Rethinking Génesis: The Sources and Authosship of the First Book of the Pentateuch (Grand Rapids: Baker Books, 1991); R. K. Harrison, Introduction to the Old Testament (Grand Rapids: W. E. Erdmans, 1969), 495-541; Gerhard Hasel, Biblical Interpretation Today (Washington: Biblical Research Institute, 1985); I. M. Kikawada y A. Quinn, Before Abraham Was: The Unity of Génesis 1-11 (Nashville: Abingdon, 1985); Kenneth A. Kitchen, Ancient Orient and Old Testament (Chicago: Inte Varsity, 1968), 112-135; John Sailhamer, The Pentateuch as Narrative: A Biblical- Theological Commentary (Grand Rapids: Zondervan, 1992), 1-79: Herbert M. Wolf, An Introduction to the Old Testament (Chicago: Moody Press, 1991), 51-78.
[11]Apoyo exegético para esta interpretación se puede encontrar en Afolarin O. Ojewole, “The Seed in Génesis 3:15: An Exegetical an Intertextual Study”, tesis doctoral en la Universidad Andrews, 2002, 155-165, 183-190.
[12]Ojewole, “The Seed in Génesis 3:15”, 97-98.
[13]Ibíd., 190-207.
[14]Ver O. Palmer Robertson, The Christ of the Covenants (Philipsburg: Presbyterian and Reformed Pub. Co., 1980), 93-107.

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