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18 oct 2016


¿Qué quiso decir el apóstol Juan con la oración “Dios es espíritu”? ¿Será su naturaleza física? En relación a lo humano, ¿cómo entender la expresión “adoren en espíritu y verdad”? ¿Cuál era el mensaje que Cristo le quería transmitir a la mujer samaritana? El propósito de este artículo, es tratar de responder estas preguntas, y estudiar la relación que existe entre “adoración”, “Espíritu” y “verdad”. Para ello, se analizará exegéticamente Juan 4:24, tomando como caso el diálogo de la mujer samaritana con el Señor Jesús.


10 ago 2015


Worship is a dominant theme in the book of Daniel and lies at its very center. History and apocalyptics, stories and prophecy are intimately interlinked; therefore, what happened in the courts of Babylon and Medo-Persia locally (chaps. 1, 3–6) is magnified on the universal scale in prophecies (chaps. 2, 7–12) in a type and antitype relationship. The God of Daniel is always on the side of the oppressed until the end of time.

23 dic 2014


Esta es una investigación sobre el tema de la música y la adoración, tanto en la Biblia como en la historia eclesiástica.

11 may 2014


La liturgia adventista está siendo desafiada por estilos contemporáneos de adoración. Es suficiente revisar las colecciones de muchos intérpretes musicales para ver la influencia de los ritmos contemporáneos.
¿Podemos como iglesia revisar y contextualizar nuestra liturgia? Si esto es posible, ¿qué principios revelados deberían guiar nuestras decisiones al enfrentar estos cambios?
El presente artículo tiene el objetivo de revisar la validez o invalidez del uso de la batería en el templo como parte de la adoración. Si la batería es la que puede cambiar el cómo uno percibe un determinado canto, se hace indispensable este estudio.

7 may 2014


Uno de los tópicos más importantes en la Sagrada Escritura es sin duda alguna, la adoración. Partiendo del Génesis mosaico y finalizando en el Apocalipsis juanino, la adoración juega un papel más que importante. De modo que hablar de adoración en la actualidad, aunque no resulte nuevo, se hace necesario por su relación directa e indirecta con el tema de la evangelización, sobre todo si se cree que esta es una de las tareas primarias de todo creyente. El presente artículo pretende mostrar los peligros a los que está expuesta la Iglesia si ignora o mal entiende el tema de la adoración, al momento de hacer evangelismo.

7 may 2013

Na segunda parte deste estudo apresentarei as evidências do Novo Testamento, do Espírito de Profecia, da história antiga e dos cristãos dos primeiros séculos d.C. mostrando que todos seguiram a orientação divina evitando os membranofones (instrumentos de percussão) e os estilos da música popular das respectivas épocas.



Conseqüentemente, esse é um estudo introdutório à ampla produção literária da IASD e por outros autores mencionados na bibliografia deste estudo. Portanto, diante da expressiva quantidade de publicações referentes ao tema proposto, a objetivação deste estudo é permitir uma re-análise das informações obtidas até o momento por muitos.

1 abr 2013



Esta investigación se propone buscar un candidato para el símbolo de la segunda bestia de Apocalipsis 13 dentro de las diversas y conflictivas interpretaciones que se le ha dado por parte de las diferentes escuelas de interpretación (preteristas, futuristas, idealistas e historicistas) en cuanto a su identidad. Dentro de los historicistas al parecer no está muy claro la identidad de esta bestia, aunque tradicionalmente se ha dicho que representa a Estados Unidos (EE.UU.), no obstante, hay otros que dicen que las evidencias son muy limitadas y que aplicar una ley dominical solo a los EE.UU. es a todas luces inadecuada. En esta primera parte se tomará en cuenta el contexto y el análisis exegético del texto.

Artículo publicado en la revista bíblico- teológica Didajé 1, no. 1 (2012)

31 mar 2013


La adoración desde la perspectiva bíblica. Aquí se encontrarán principios básicos sobre adoración teocéntrica.


Orientaciones básicas con respecto a la música cristiana que debe cantar, interpretar y escuchar cada adventista del séptimo día.

25 mar 2013


Un estudio que sustenta bíblica y exegéticamente el papel del sábado como señal de adoración en la crisis final. Escrito por el Dr. Jon Paulien.

12 mar 2013


El orden de la adoración[1] 
Ángel Manuel Rodríguez


¿Qué puede decir del orden bíblico de la adoración? ¿Qué es lo correcto? ¿Cómo y cuándo debería llevarse a cabo?

La adoración pública requiere algún tipo de orden. Por medio de la realización de ritos específicos, los adoradores expresan su amor y gratitud al Creador y Redentor. No es posible brindar una secuencia específica de actos que deben llevarse a cabo durante la adoración, pero puedo mencionar algunos de los principales elementos y su significado. Todo lo que sucede durante la hora de adoración debería tener una base bíblica.
       1. Adoramos a Dios: Cuando nos reunimos debemos tener la clara convicción de que vamos a adorar a Dios. Todo lo que nos distraiga debería ser descartado. De hecho, cuando Dios es desplazado y los seres humanos se convierten en el centro, la adoración se transforma en idolatría. Ante la tentación de seguir a los ídolos, Dios le dijo a Israel: “¿A quién me asemejáis, me igualáis y me comparáis, para que seamos semejantes?” (Isa. 46:5). Dios parece decir: Exploren el universo y vean de encontrar a alguien como yo. Si lo hallan, adórenlo. Pero inmediatamente añade: “Yo soy Dios, y no hay otro Dios, ni nada semejante a mí” (versículo 9).
      2. Oramos: Orar es uno de los actos más sublimes de adoración privada y colectiva, por el cual nos ponemos en contacto con el Señor. Las posturas físicas que adoptamos al orar son significativas; deberíamos pensar en ellas cuando adoramos. Cuando nos arrodillamos, rendimos nuestras vidas a Dios. Descendemos voluntariamente al polvo de donde fuimos creados, reconocemos que nuestras vidas pertenecen a Dios y esperamos que él nos otorgue sus bendiciones. A veces oramos de pie. Esta era la postura de los que se acercaban al rey en busca de audiencia (véase Ester 5:2). Cuando nos ponemos de pie para orar nos colocamos como congregación delante de nuestro Rey en audiencia privada. En otras ocasiones, oramos sentados. Esta es la postura de un estudiante o niño que espera ser guiado o instruido por el Señor, para poder servirlo (cf. 2 Rey. 4:38; Eze. 8:1; 2 Sam. 7:18). Mediante la oración expresamos nuestra gratitud a Dios por las bendiciones recibidas y le pedimos que nos dé fuerzas para vencer los desafíos y las tentaciones.
      3. Cantamos: Nuestros cánticos se dirigen a Dios, no a la congregación. Ésta adopta el mensaje de los cánticos y los ofrece a Dios como si fueran propios. Los himnos no deberían hablar de “mí” o de “nosotros”, sino del Ser que estamos adorando. Así es como expresamos nuestros sentimientos, necesidades, amor y alabanzas a Dios por sus abundantes bendiciones. El canto congregacional es un ritual por el cual se expresa colectivamente la unidad de la iglesia, porque los feligreses elevan sus voces para alabar al Señor con el mismo espíritu, fe y propósito. La unidad de la iglesia y su unión con el Señor resucitado se expresan de manera única por medio de este canto conjunto. Esta unión se logra a través de la expresión de sentimientos religiosos comunes y de una fe que da forma a nuestra identidad y nos permite incorporarnos a los cánticos de la familia celestial (cf. Sal. 148).
      4. Ofrendamos: La expresión de nuestra gratitud a Dios alcanza un clímax particular durante la recolección de los diezmos y las ofrendas. Ese momento reafirma nuestro pacto con el Señor. Mediante nuestros diezmos y ofrendas reconocemos que Dios nos ha bendecido durante la semana, que es nuestro Señor y que todo lo que tenemos le pertenece. Nuestras ofrendas indican que nuestro amor por él fluye libremente de un corazón agradecido.
      5. Proclamamos la Palabra: Cada sábado, proclamamos la palabra desde el centro de la plataforma. La adoración está centrada en la revelación que Dios hace de sí mismo por medio de las Escrituras. Es un acto racional, porque la voz divina resulta inteligible. Vamos a aprender de la Palabra, a ser animados por ella, a recibir instrucción para el servicio cristiano, a ser disciplinados y a regocijarnos en las buenas nuevas de salvación por medio de Cristo. Esto coloca una pesada responsabilidad sobre los predicadores y también sobre los que escuchan el mensaje. El propósito del sermón no es crear confusión u ocuparse de controversias teológicas, sino permitir que la congregación oiga el mensaje del Señor por medio de las Escrituras. Así nos aproximamos a Dios con corazones abiertos en humildad y sumisión.



[1]Biblical Research Institute, http://www.adventistbiblicalresearch.org/preguntasbiblicas/orden%20adoracion.htm

11 mar 2013

Alzar las manos en adoración
Ángel Manuel Rodríguez[1]


¿Hay algún fundamento bíblico para la práctica cada vez más frecuente de alzar y mover las manos durante la alabanza congregacional?

Esta pregunta podría parecer trivial, pero revela que estamos muy interesados en una adoración que esté basada en la Biblia y que no transgreda sus instrucciones. Implica al mismo tiempo que esta actividad está creando algunas tensiones. Me ocuparé aquí de analizar la utilización de las manos durante los actos de adoración. Quedará claro que en la Biblia, el uso ritual de las manos se llevaba a cabo principalmente durante la oración.
      1. Acciones no verbales: Los gestos corporales juegan una importante función en la expresión de ideas y emociones. Los estudios sobre la función de las acciones de adoración no verbales nos ayudan a entender un poco mejor su significación. En la Biblia, solo tenemos el lenguaje de las posturas, gestos, movimientos y expresiones faciales. El arte del Cercano Oriente en la antigüedad ilustra muchos de esos gestos, que a su vez se mencionan en la Biblia como una práctica común en la adoración y oración.
      2. Alzar las manos: Las expresiones “alzar las manos [yādîm]” o “alzar las palmas [kappayim]” son prácticamente sinónimas. Son utilizadas en contextos diferentes y en algunos casos expresan diferentes significados. “Alzar las manos” es un gesto que expresa adoración en el contexto del culto. Se exhortaba a los que ministraban en el templo diciéndoles: “Alzad vuestras manos al santuario y bendecid a Jehová” (Sal. 134:2). El gesto indicaba que el objeto de las alabanzas era el Señor y que toda la persona participaba de la acción. También se utilizaba para presentar una oración de súplica al Señor (Sal. 28:2), como si la oración fuera colocada en la palma de la mano y elevada al Señor pidiéndole que la acepte (Sal. 141:2). En otros casos, el gesto expresa la disposición de la persona de recibir del Señor lo que fue solicitado (Sal. 63:4, 5; Lam. 2:19). Pero el alzar las manos también parece expresar algo más profundo, algo relacionado con el corazón humano: “Levantemos corazón y manos al Dios de los cielos” (Lam. 3:41). La acción de levantar las manos se corresponde con la elevación del ser interior del adorador hacia una comunión con Dios.
      3. Extender las manos: En este caso el verbo es pārash (“extender”), y expresa la imagen de las manos que eran extendidas hacia la persona, no necesariamente hacia arriba. En ocasiones se dice que el adorador extendía sus manos hacia el templo y hacia los cielos (1 Rey. 8:38, 39, 54; Sal. 44:20), o al Señor (Éxo. 9:33). Esta acción se realizaba particularmente durante las oraciones de súplica (1 Rey. 8:54; Isa. 1:15; Éxo. 9:29; Lam. 1:17) o cuando existía la profunda necesidad de la presencia de Dios (Sal. 143:6). En Salmos 88:9 leemos: “Te he llamado, Jehová, cada día, he extendido a ti mis manos”. La necesidad del salmista era tan intensa que clamó al Señor para que lo ayudara. En su profunda necesidad, el adorador se dirige al Señor y extiende sus manos hacia él pidiendo ayuda. Este gesto más intenso era una expresión de la dependencia que tiene el ser humano de Dios (Sal. 44:20) y la devoción del corazón por el Señor (Job 11:13).
      4. ¿Y entonces? Hasta dónde puedo determinar, en la Biblia no se necesita agitar las manos durante la adoración. Era común, sin embargo, alzar las manos (1 Tim. 2:8). La Biblia no prescribe gestos de manos durante la adoración, pero describe las prácticas aceptadas. El arte cristiano primitivo indica que los cristianos solían orar con los brazos y las manos extendidas hacia los lados para representar con sus cuerpos la crucifixión. Hoy día solemos juntar nuestras manos por delante o por detrás de nuestro cuerpo, o simplemente las dejamos colgando a los lados. En ocasiones las juntamos cruzando los dedos, una práctica común entre los antiguos romanos y sumerios. Otras veces unimos las palmas y los dedos apuntan hacia arriba, una práctica común para los budistas e hinduistas. La introducción de cambios en nuestras iglesias, influidos por los movimientos carismáticos, podría perturbar el desarrollo de una adoración que debería estar centrada en el Creador y Redentor y en su Palabra. Acaso sea mejor seguir la práctica usual de la congregación donde como comunidad nos reunamos a adorar al Señor.


[1]Biblical Research Institute, http://www.adventistbiblicalresearch.org/preguntasbiblicas/alzarmanosenadoracion.htm

La cultura juega un rol importante en la formación de los gustos personales del individuo. Este artículo trata sobre su influencia en la formación de rituales de la adoración corporativa. La metodología será buscar los principios bíblicos desde la Teología Sistemática por considerar a las Escrituras como la única regla de doctrina y práctica.


La Iglesia Adventista del Séptimo Día ha estado siendo criticada por su creencia de que la persecución final del anticristo será por causa del “sábado” o por “los diez mandamientos”. Según ellos, la interpretación adventista de Apocalipsis 13 y 14, con respecto al “sábado”, al “sello de Dios” y a la “marca de la bestia”, no tiene sustento bíblico, sino que se basa únicamente en los escritos de Elena de White.
Frente a esta situación, este artículo tiene como objetivos buscar y estudiar las alusiones al sábado en Apocalipsis 12 al 14 (capítulos que tratan acerca de la crisis venidera) y su relevancia en el tiempo del fin. Se cree y fundamenta que la interpretación de Daniel y Apocalipsis tiene como principio la Sola Escritura; es decir, la Biblia como su propio intérprete, el mismo que el adventismo siempre ha mantenido.

Artículo publicado en la Revista bíblico- teológica Berit Olam 7, no. 1 (2010).

La adoración y los diez mandamientos en el tiempo del fin


Oscar Mendoza Orbegoso

Apocalipsis 13 registra que el anticristo, un reino político religioso, recuperará su poder antes de la segunda venida de Jesucristo (13:2-3). Este poder le permitirá imponer una falsa adoración global y una marca (Apoc. 13:13-18).
Muchos han sugerido que la ley de Dios fue abolida en la cruz, y que esta no debe observarse. Sin embargo, como se mostrará, el libro de Apocalipsis revela que los diez mandamientos (incluyendo el sábado) serán el centro de la controversia final y permitirán distinguir a los verdaderos adoradores de los falsos.

La adoración en la crisis final

Adoración (gr. proskunountaj) significa postrarse, inclinarse y/o someterse en homenaje delante de una autoridad. Esta autoridad puede ser el Dios todopoderoso o algún otro ser. En la Escritura, el creador pide adoración exclusiva (Sal. 86:9; Isa. 27:13; 45:14) y reconocimiento como rey y juez. Él no desea que adoremos a otro dios (porque son inexistentes, cf. Isa. 45). El reflejo de la adoración es la obediencia.
En Apocalipsis, la palabra adoración aparece 24 veces y significa homenaje y obediencia. De estas 24, cinco veces aparece en el cap. 13., mostrando que el tema principal de este capítulo es la adoración, o se adora al Cordero (Cristo), o se adora a la bestia (el anticristo). Aquellos que adoren a Dios, obedeciendo su Palabra, recibirán la vida eterna; por el contrario, quienes adoren a la bestia recibirán las siete plagas postreras (Apoc. 16) y la muerte eterna (Apoc. 21:8). Si bien es cierto habrá una crisis política, económica, social y moral, el problema principal de esta crisis será espiritual, tendrá que ver con la verdadera y la falsa adoración.
Según Apocalipsis 12:17; 13:10 y 14:12, los verdaderos adoradores se caracterizan por:

(1) Guardan los mandamientos de Dios.
(2) Tienen fe en el “testimonio de Jesucristo”.
(3) Son perseverantes.

De acuerdo a Apocalipsis 7 y 12 al 14, solo recibirán el sello de Dios los verdaderos adoradores. Estos obedecen los “diez mandamientos”, ponen a la Biblia como única norma de fe y estilo de vida, y perseveran hasta el fin. Por otra parte, los falsos adoradores serán aquellos que rechacen y/o cambien los diez mandamientos, estén en contra o mal interpreten la Biblia y dejen de perseverar en Cristo, convirtiéndose en perseguidores. Estas personas, voluntariamente, decidirán seguir al anticristo y creer en la voz del falso profeta (cf. Apoc. 16:13). Para reconocerlos, se les pondrá una “marca”.

Los mandamientos en la crisis final

De acuerdo a los usos de la palabra “mandamiento” en el Nuevo Testamento (Mat. 5:19; 19:17; Mar. 10:19; Luc. 23:56), la palabra  “mandamientos”, que registra Apoc. 12:17 y 14:12, se refiere al decálogo de Éxodo 20. Esto, indiscutiblemente, incluye el cuarto mandamiento que ordena la observancia del sábado.
Otro aspecto que se puede concluir de la identificación de los mandamientos de Apocalipsis 12:17 y 14:12, es que estos, básicamente los cuatro primeros, cumplirán un papel preponderante en el tiempo del fin. Estos serán el centro de la controversia final. El paralelismo entre Apocalipsis 13 y Éxodo 20 amplía esta idea. Véase el siguiente cuadro:

Éxodo 20
Apocalipsis 13
1er mandamiento
No tendrás dioses ajenos delante de mí (v. 3)
Rebeldía
Y la adorarán todos los que moran en la tierra (v.  8)
2do mandamiento
No te harás ídolo, ni semejanza […] ni las adorarás (vv. 4-5)
Rebeldía
Diciendo a los moradores de la tierra que hagan una imagen de la bestia (v. 14)
3er mandamiento
No tomarás el nombre de Dios en vano (v. 7)
Rebeldía
Y abrió su boca en blasfemias contra Dios (v. 6)
4to mandamiento
Acuérdate del día de reposo… no harás obra alguna… ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo (vv. 9-10)
Rebeldía
Hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos  (v. 16)

Al leer Apoc. 13, se observa que ambas bestias van contra la primera tabla de la ley (primero al cuarto) de Éxodo 20 y no en contra de la segunda (quinto al décimo). El primer mandamiento declara: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”; sin embargo, la bestia que sube del mar hace que el mundo lo adore como si fuera un dios. El segundo ordena: “No te harás ídolo, ni semejanza… ni las adorarás”; no obstante, la bestia que sube de la tierra manda que los hombres “hagan una imagen de la bestia” y hace que los moradores de la tierra “adoren a la bestia”. El tercero establece que nadie debe “blasfemar el nombre de Dios”; pero, la bestia que sube del mar “blasfema”. Mientras que Dios, en el día de reposo, prohibió realizar obra alguna, puesto que es su día, la bestia se atribuye potestad divina y prohíbe “comprar ni vender, sino el que tuviese la marca”. Por último, entretanto que el Señor manda que nadie -“ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo”- realice acto alguno, puesto que él es el creador del universo y Señor del sábado (Mar. 2:27-28); la bestia, otorgándose así misma autoridad divina, “hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca”. Todas estas acciones permiten concluir que ellas están en contra del cuarto mandamiento.
Estas acciones revelan que Satanás intentará eliminar o cambiar los diez mandamientos, especialmente los cuatro primeros. Él impondrá una falsa adoración, cambiando el día de reposo, y perseguirá a quienes continúen obedeciendo y adorando al creador. Jon Paulien declara:

Pero el problema aquí no es solo algunos mandamientos de Dios. El problema central está dirigido sobre la ‘adoración’ (Ap 13:4, 8, 12, 15; 14:7, 9, 11). La adoración en particular, dirige su atención hacia la primera tabla de los mandamientos (los primeros cuatro), los que tienen que ver con nuestra relación con Dios.[1]

Adoración, sábado y creador

Éxodo 20:10-11
Apocalipsis 14:7
A. Acuérdate del día de reposo para santificarlo
A’. Adorad
B. Señor
B’. Dios
C. Hizo
C’. Hizo
D. Cielos
tierra
mar
todo lo que en ellos hay
D’. Cielo
tierra
mar
fuentes de las aguas

Ambos pasajes registran elementos semejantes. Juan tenía en mente Éxodo 20:10-11 cuando escribió Apocalipsis 14:7. Lo interesante de ambos textos es el paralelismo en las órdenes que se emiten. Mientras que en Éxodo se ordena reposar el sábado como memorial del acto creador de Dios, en Apocalipsis se ordena adorar al creador. Este paralelismo permite relacionar las palabras adoración, creador, sábado y mandamientos. Estos términos no se los puede entender por separado (es interesante que en toda la Biblia siempre existe esta relación). Adorar al creador implica guardar el sábado y los demás mandamientos. William Shea declara:

El llamado del mensaje del primer ángel es un llamado a adorar. Este es un llamado para adorar a Dios como Creador. El lenguaje creador encontrado en el mensaje del primer ángel se dirige directamente al cuarto mandamiento dado en el Sinaí. El paralelo elaborado aquí suma dos líneas más que soporta esta interpretación.[2]

En conclusión, Apocalipsis 14:7 revela que, en la crisis final, el reposo sabático será una señal de adoración. Guardar los mandamientos y reposar el día sábado serán las acciones que distinguirán a los verdaderos adoradores de los falsos, y las que decidirán quiénes recibirán el sello de Dios y quiénes recibirán la marca de la bestia. Anthony MacPherson señaló:[3]En la crisis de Apoc. 12-15, la fe en Jesús, combinada con la obediencia al decálogo, incluyendo el sábado, son la señal escatológica y el sello de lealtad al pacto del Dios de la creación y de la redención”.



[1]“Revisiting the Sabbath in the Book of Revelation”, Journal of the Adventist Theological Society 9, no. 1-2 (1998): 184.
[2]“Literary and Theological Parallels between Revelation 14-15 and Exodus 19-24”, Journal of the Adventist Theological Society 12, no. 2 (2001): 178.
[3]“The Mark of the Beast as a ‘Sign Commandment’ and ‘Anti-Sabbath’ in the Worship Crisis of Revelation 12-14”, Andrews University Seminary Studies 43, no. 2 (2005): 283.

4 nov 2012


¿Qué significa la expresión “cántico nuevo”?


“Alegraos, oh justos, en Jehová; En los íntegros es hermosa la alabanza. Aclamad a Jehová con arpa; Cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; Hacedlo bien, tañendo con júbilo. Porque recta es la palabra de Jehová, Y toda su obra es hecha con fidelidad.” (Sal. 33: 1-4).

Este salmo hace un llamado a los adoradores a regocijarse en Jehová porque su palabra es recta y toda su obra es hecha con fidelidad. Además, hay que alegrarse y cantar a Jehová porque sus ojos están sobre los que le temen y les libra de la muerte (vv. 4-22). Se menciona el arpa que era el instrumento por excelencia para alabar a Dios en el santuario y el decacordio, que era una lira de diez cuerdas.[1] El cántico nuevo no era un nuevo ritmo musical o la incorporación de nuevos instrumentos, sino el relato de una nueva experiencia con Dios a través del canto.

Isaías dice: “Cantad a Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las costas y los moradores de ellas.” (Isa. 42:10)

¿Cuál es el motivo de este cántico Nuevo? Según Isaías 42: 1- 6 el motivo es el siguiente: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley. Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan: Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.”

El pueblo es llamado a cantar un cántico nuevo porque Dios enviará su Mesías, sobre quién ha puesto su Espíritu. El cántico Nuevo no tiene absolutamente nada que ver con la implementación de nuevos ritmos o estilos musicales, sino con el mensaje del canto. Es el canto de una nueva experiencia en Dios. Según Edward Young: “El anuncio que Isaías está declarando las próximas cosas nuevas, incluso antes de que cualquier señal de ellos haya aparecido, es garantía suficiente para que la gente cante un cántico nuevo.”.[2]

El mismo principio se repite en Apocalipsis 5:8-10: “Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.” Es interesante notar el hecho que los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos cantan un cántico sobre la experiencia de los que han sido redimidos en la tierra y no sobre su propia experiencia. Los mejores manuscritos griegos omiten las expresiones “nos” en el v. 9 y v.  20. Además, la expresión “reinaremos” debiera traducirse correctamente como “reinarán”. El punto que queremos resaltar es que en este pasaje el cántico nuevo es cónsono con su uso en el Antiguo Testamento. En este caso es un canto que expresa como el Cordero nos ha redimido con su sangre para Dios y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios. El cántico Nuevo es la expresión de una nueva experiencia mediante el canto y no la introducción de nuevos cantos importados del paganismo o nuevos ritmos musicales tal y como algunos enseñan.

En Apocalipsis 14:3 los redimidos cantan un cántico nuevo. Estos son descritos como los que “siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.” (vv.4-5). En Apocalipsis 15:3 dice que este cántico que cantan los 144,000 es el cántico de Moisés y del Cordero. Solamente ellos lo pueden cantar, porque solamente ellos pasaron por tal experiencia. Apocalipsis 15:3, 4 dice: “Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado.”

Al hacer un análisis del cántico nuevo en la Biblia, no se puede llegar a otra conclusión que es un canto que relata una nueva experiencia. Aquellos que utilizan la expresión “cántico nuevo” para justificar la introducción de ritmos populares en el culto, han sacado la expresión fuera de su contexto bíblico.

Rafael Montesinos
Máster en Religión de la Universidad de Andrews
Trabajó 20 años como pastor en la Asociación Adventista del Oeste de Puerto Rico (1979-2009). Produjo programas de radio y televisión para la Asociación Adventista del Oeste de Puerto Rico y para la cadena de Los Tres Ángeles (3ABN).
Además, también apoya como consejero del Ministerio de Investigación Adventista y consejero editorial de la revista digital bíblico-teológica Didajé.




[1]Frank E. Gabelein. The Expositor’s Bible Commentary (Zondervan publishing House. Grand rapids, 1991), Vol. 5, pág. 277  

[2]Edward J. Young. The Book of Isaiah (William B. Eerdmans Publishing Company, Grand Rapids, 1996), Vol. 3, pág. 125

26 sept 2012

El mensaje de los tres ángeles: Apocalipsis 14:1-12*

  
Ángel Manuel Rodríguez

Apocalipsis 13 termina con una nota triste. Apoyado por sus principales agentes, los poderes representados por las bestias que surgen del mar y de la tierra y todos los habitantes del mundo que han prometido aliarse con él, Satanás parece tener controlado el destino del remanente. Su plan mundial parece tener éxito. Él cree que muy pronto habrá borrado al remanente del planeta, y que él será el único gobernante de la raza humana. Lo que parece haber pasado por alto es que Dios también tiene un plan mundial, y que el pueblo remanente es indispensable para su cumplimiento. Por lo tanto, nadie será capaz de destruirlo.

El Cordero y el remanente sobre el monte de Sión

Sobre el monte de Sión. El remanente es indestructible porque se halla junto al Cordero de Dios sobre el monte Sión, escondido bajo las alas del Omnipotente, de los ataques del dragón. Esta visión no se centra en el remanente sino en el Cordero que está en pie sobre el monte de Sión. Dios redimió a su pueblo a través del Cordero, y él lo hará victorioso gracias a la sangre del Cordero en la última batalla apocalíptica. Aunque amenazado de muerte por el dragón, al pueblo remanente se lo describe más allá del alcance de las fuerzas del mal. Aun cuando están todavía sobre la tierra, se hallan espiritualmente en el lugar más seguro del universo: en compañía del Cordero.

El monte de Sión era en el Antiguo Testamento el lugar donde se encontraba el templo y donde Dios reinaba y habitaba entre su pueblo. El Salmo 2 describe una situación en la cual las naciones de la tierra han conspirado juntas contra el ungido de Dios, el Mesías. El Señor se burla de ellos y proclama la derrota de las naciones, “porque, dice él, yo he puesto mi rey sobre Sión, mi santo monte” (Sal. 2:6). Sión es el lugar de refugio del remanente: “Porque saldrá de Jerusalén remanente, y del monte de Sión los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (2 Rey. 19:31). El remanente lo conforman los sobrevivientes dejados en Sión (Isa. 4:2-3), preservados por Dios de los ataques del enemigo. La misma asociación de ideas aparece en Apocalipsis 14:1, donde el Mesías y el remanente son el blanco del dragón y sus asociados; pero el remanente halla refugio en el Mesías.

El sello de Dios. El símbolo de los 144 mil que tienen el nombre del Cordero y de Dios escrito sobre sus frentes también representa al remanente. Dicho símbolo parece describir de manera especial a quienes estarán vivos sobre la tierra cuando Cristo regrese: una interpretación apoyada por el hecho de que Apocalipsis 6:14-16 describe la segunda venida de Cristo seguida por la pregunta: “porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apoc. 6:17). La respuesta a esa pregunta se da en el capítulo 7: los 144 mil. Elena G. de White dice de ellos que, “habiendo sido trasladados de la tierra, de entre los vivos, son contados por ‘primicias para Dios y para el Cordero’”.[1] Es una tentación especular respecto a este tema, pero debemos resistirla, porque la información que tenemos es extremadamente limitada.

Los 144 mil tienen el nombre del Cordero y de su Padre escrito sobre sus frentes. Si, de acuerdo con Apocalipsis 7:3, Dios puso su sello sobre las frentes de sus siervos, entonces el sello y el nombre de Dios deben referirse a la misma cosa. El nombre, de Dios y el del Cordero representan sus caracteres, lo que ellos son. Por lo tanto tener su nombre sobre nuestra frente es reflejar el carácter de Dios en nuestra vida. Él nos lo reveló a través de su ley y en la vida de Jesús, quien la ejemplificó para nosotros. Ya indicamos que en el libro de Apocalipsis quienes pertenecen a Dios obedecen sus mandamientos. Sus vidas de sumisión obediente a la voluntad de Dios revelan que en realidad le pertenecen y están bajo su cuidado protector. Este firme compromiso con Dios y con la verdad los distingue de quienes siguen a la bestia y tienen su marca. Aceptar a Cristo como nuestro Salvador no es algo que pueda hacerse sin una vida de obediencia amorosa a todos sus mandamientos. Su ley contiene el sello de Dios en el cuarto mandamiento, una señal de creación (Éxo. 31:17), redención (Deut. 5:15) y santificación (Éxo. 31:13). La obediencia del remanente a ese mandamiento durante las escenas finales del conflicto cósmico lo distinguirá de quienes adoran al dragón y a la bestia. A través del poder del Espíritu esa obediencia resulta en un carácter santo. 

Un coro y cántico nuevos

Juan escucha un cántico maravilloso y sonoro que para él es como el sonido refrescante de muchas aguas, como el sonido poderoso de un trueno y como el sonido inspirador y armonioso de un arpa. Las imágenes que él usa indican que la música es extraordinaria, que él nunca ha estado en un programa musical como éste, y busca las palabras para expresar su experiencia. El coro parece consistir de un número simbólico de 144 mil seres que conforman el remanente que canta ante el trono de Dios. Nadie más puede aprender este canto, porque nadie ha pasado por esta experiencia.

Juan da varias características claves de los 144 mil. En primer lugar, Dios los ha redimido de entre los de la tierra. Apocalipsis 14:3 y 4 nos dice dos veces que éstos fueron “redimidos de entre los de la tierra/de entre los hombres”. El mismo verbo aparece en Apocalipsis 5:9 donde unos seres celestiales cantan: “Porque tú [el Cordero] fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación”. El Nuevo Testamento testifica claramente que Cristo nos compró o redimió, y que el precio que pagó fue su propia sangre/vida (2 Ped. 2:1; 1 Ped. 1:18, 19). Cristo ganó el derecho del pueblo de Dios para que pueda estar en pie ante su trono y para que lo alabe por su muerte expiatoria. No es la recompensa por nuestra Fidelidad a él. Así que ya no nos pertenecemos más a nosotros mismos, porque Cristo, nuestro nuevo propietario, pagó el precio de nuestra redención (1 Cor. 6:20). Le somos leales porque él cubrió el costo de nuestra salvación.

En segundo lugar, son vírgenes. La frase “no se contaminaron con mujeres” clarifica la metáfora. La imagen que se usa es la de una mujer desposada que se mantiene sexualmente pura para su futuro esposo. En 2 Corintios 11:2 Pablo aplica la misma metáfora a los cristianos: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura para Cristo”. Los 144 mil se han mantenido fieles a Cristo al no contaminarse con la prostituta descrita en Apocalipsis 17.

En tercer lugar, siguen al Cordero. El remanente no adora a la bestia ni al dragón. La estrecha relación entre los 144 mil y el Señor comenzó cuando ellos todavía estaban sobre la tierra y continuará por la eternidad.

En cuarto lugar, Israel dedicaba los primeros frutos a Dios como una expresión de gratitud por la cosecha. Ellos pertenecían a Dios. Los 144 mil son de Cristo en forma especial debido a su experiencia singular al cierre de la batalla cósmica, cuando tienen que enfrentar el engaño y la persecución por parte de las fuerzas del mal en una manera nunca vista antes en la historia humana. Ellos siguen al Cordero donde quiera que él vaya. La imagen de las primicias también señala hacia el hecho de que muchos más experimentarán la salvación. Los 144 mil son el anticipo de la inmensa cosecha de Dios. Los redimidos de todas las edades se unirán a Cristo y al remanente escatológico para disfrutar de su presencia por siempre.

En quinto lugar, no fue hallada mentira en sus bocas. Una de las características básicas de los redimidos es que han proclamado la verdad. No hay nada en sus palabras o acciones que refleje algún tipo de engaño. Mentir es identificarse con las fuerzas del mal y con el falso profeta (Apoc. 16:13; 19:20). Quienes aman la falsedad serán excluidos de la nueva Jerusalén (Apoc. 22:15).

Finalmente, el remanente es sin mancha, es decir, sin defectos morales. Ellos se identifican con Cristo, quien se ofreció sin mancha (Heb. 9:14). A través de su muerte expiatoria él hizo posible que todos puedan presentarse sin mancha ante Dios (Efe. 5:27). La última generación tendrá una relación íntima con el Salvador y crecerá constantemente en santificación al confiar únicamente en el poder de Cristo para salvarlos de sus enemigos.

Los mensajes de los tres ángeles

Podemos explicar fácilmente la conexión entre Apocalipsis 14:6-12 la sección previa (Apoc. 14:1-5) como una descripción y del proceso y los medios por los cuales Dios reúne al remanente escatológico. El capítulo comienza mostrándonos a ese grupo reunido ante el trono de Dios. Luego nos informa cómo los llamó Dios de entre los habitantes de la tierra. Apocalipsis 13 discute el plan mundial y la estrategia que usa el dragón para unir al mundo contra Cristo y su remanente. Ahora tenemos un vistazo del plan mundial de Dios y su propósito. Dos fuerzas actúan a escala mundial para lograr la lealtad de la raza humana, y es importante que nosotros estemos del lado correcto del conflicto.

Aunque hay algunas similitudes entre los dos planes, las diferencias son fundamentales. Ambos usan tres medios de comunicación. Dios emplea tres seres angélicos (Apoc. 14:6-9) y el dragón recurre a tres demonios (Apoc. 16:13), quienes son mensajeros de vida y muerte respectivamente. El método que Dios usa consiste en proclamar el evangelio de salvación y el juicio a toda nación, tribu, lengua y pueblo (Apoc. 14:6). El dragón se basa en la realización de milagros y en la obtención del apoyo de los reyes de la tierra (Apoc. 13:13; 16:14). Dios apela a la razón humana y a las necesidades espirituales reales de los individuos y se asegura que toda persona escuche el mensaje y tome una decisión. El dragón apela a las emociones e impone su voluntad por la fuerza a través de la autoridad y el poder político.

Los dos planes tienen fundamentalmente diferentes. Dios desea preparar a su pueblo contra el engaño, reunir a su pueblo remanente de todas las naciones en el monte de Sión y desenmascarar los verdaderos planes del dragón (Apoc. 14:1, 6-9). El dragón intenta engañar a todo el mundo (Apoc. 13:13; 16:14), reunir a los reyes de la tierra en Armagedón (Apoc. 16:14) y derrotar al remanente (Apoc. 13:15). El resultado final de los dos planes es diametralmente opuesto. El plan de Dios triunfará y su pueblo saldrá victorioso (Apoc. 14:4), mientras que el dragón y sus confederados terminarán siendo vencidos y destruidos (Apoc.16:19). Uno no puede sobre enfatizar la importancia, la necesidad y la urgencia de la proclamación de los mensajes de los tres ángeles al mundo. Dios le ha confiado este gran privilegio y responsabilidad a la Iglesia Adventista y nada debiera distraernos de cumplir nuestra misión.

El mensaje del primer ángel (Apoc. 14:6, 7)

Contenido del mensaje. En la proclamación del último mensaje de Dios para la raza humana participan agencias tanto humanas como celestiales. La Escritura define el contenido del mensaje presentado por el primer ángel como el “evangelio eterno”. Las “buenas nuevas” de salvación a través de la fe en la muerte expiatoria de Cristo se hallan en el corazón de la proclamación de este ángel. Evangelio significa “buenas nuevas” y el uso que Juan le da presupone su sentido apostólico; por lo tanto, nosotros debiéramos interpretarlo a la luz del resto del Nuevo Testamento. “El evangelio no requiere que los hombres logren su propia salvación mediante un acto de arrepentimiento. El evangelio es la declaración de que ‘Cristo, Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores’ (1 Tim. 1: 15); que ‘de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito’ (Juan 3:16); que ‘siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros’ (Rom. 5:8); y el evangelio de Juan es el mismo: ‘Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre... a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos’ ([Apoc] l:5-6)”.[2] (Véase también Apocalipsis 5:9.) Este evangelio es válido eterna y permanentemente para todas las épocas y personas.

Blanco, del mensaje. El blanco o audiencia del evangelio es de naturaleza universal, porque el problema que el evangelio busca solucionar es universal y afecta a cada individuo del planeta. El ángel dirige el mensaje a los “moradores [lit. ‘que se sientan’] de la tierra”, más específicamente a “toda nación, tribu, lengua y pueblo”. El pasaje presupone que la polarización final de la raza humana todavía no ha ocurrido y que para entonces muchos, después de escuchar el evangelio, elegirán seguir al Cordero. Ellos serán parte del remanente escatológico de Dios. De hecho, Cristo compró al remanente a través de su sangre “de todo linaje y lengua y pueblo v nación” (Apoc. 5:9; cf. 14:3). Dios usa la expresión histórica del remanente, los que quedaron después del ataque del dragón contra la mujer durante 1260 años, para reunir al resto del remanente escatológico: los que estarán vivos cuando Cristo regrese.

Respuesta al mensaje. El ángel extiende a todos una invitación, un “temed a Dios”, “dadle gloria” y “adorad”. Esta sucinta invitación resume la respuesta que Dios espera de la raza humana al enfrentar las fuerzas del maligno en la última batalla del conflicto entre el bien y el mal. El temor de Dios deriva del hecho de que él es grande, majestuoso y único. Su presencia inspira temor porque él está más allá de nuestra total comprensión (Deut. 7:21; 10:17; Mar. 9:2-6). Pero él nos dice “no temáis”, porque su presencia no pone en peligro nuestra existencia; más bien puede enriquecería superando nuestras expectativas. Así que la frase “temed a Dios” expresa la idea de una sumisión confiada a Dios. Siendo que su presencia también trae salvación a su pueblo, el “temor” que produce resulta en alabanza y adoración a Dios. Quienes temen a Dios son aquellos que le alaban, confían en él y guardan sus mandamientos (Deut. 8:6). El llamamiento a temer a Dios nos invita a estar listos para encontrarnos con nuestro majestuoso y único Dios en un estado de sumisión y compromiso con él a través de la obediencia a su buena voluntad.

Con frecuencia en la Biblia el temor a Dios guía al individuo a glorificarle (Apoc. 15:4; Mat. 9:8). En el Antiguo Testamento la palabra hebrea traducida como “gloria” (kabod) significa “peso”. La gente creía comúnmente que la función de una persona en la sociedad estaba determinada por su “peso”, es decir, por la importancia e influencia del individuo. Las personas sabias o ricas tenían una gran influencia; sus palabras y acciones tenían “peso social e inspiraban respeto y honor. La sociedad admitía públicamente su ‘gloria/peso’ al reconocer lo que habían hecho por otros. En consecuencia, el verbo llegó a significar “ser honrado o reconocer la importancia de alguien. Por lo tanto, dar gloria a Dios significa reconocerlo como la persona más importante del universo. Nadie tiene mayor “peso” o influencia que él en nuestra vida. Dar gloria a Dios es asignarle a él el primer lugar en nuestra vida y oponerse al plan mundial del dragón que desea robarle a Dios su gloria.

La urgencia de la proclamación a temer a Dios y darle gloria resulta del hecho de que la hora de su juicio ha llegado. El pregón de los mensajes de los tres ángeles tiene lugar mientras el juicio anunciado por Daniel está todavía en progreso. El Juicio es buenas nuevas porque nos informa que Cristo todavía está intercediendo en nuestro favor en el santuario celestial y que aún queda tiempo para que nos unamos a él en la batalla contra el dragón. Es la última oportunidad que tiene la raza humana de unirse al Cordero en oposición a las fuerzas del mal.

El ángel convoca a la humanidad a “adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. La adoración es un elemento clave en el conflicto cósmico porque hace surgir el importante tema del objeto verdadero y correcto para adorar. El dragón intenta colocarse, tanto él cómo la bestia que surge del mar, en el mismo centro de la existencia humana al convertirse en el foco de su adoración (Apoc. 13:4; 14:9). El remanente se compone de aquellos que han decidido adorar sola y exclusivamente al Creador. El mandamiento del sábado describe a Díos como digno de adoración porque él es nuestro Creador (Éxo. 20:11) y Redentor (Deut. 5:15); v Juan usa parte de su lenguaje a fin de establecer la razón de adorar a Dios.

El mensaje del segundo ángel (Apoc. 14:8)

El mensaje del primer ángel proclama esencialmente el triunfo del plan de Dios para el mundo, mientras que el mensaje del segundo ángel anuncia el fracaso del plan del dragón. La Escritura utiliza el símbolo de una ciudad –Babilonia– para representar los logros del dragón, de la bestia que surge del mar y de la bestia que surge de la tierra. La caída de la ciudad describe la victoria de Dios sobre esos poderes malignos. La Biblia también describe a Babilonia como una mujer a fin de ilustrar que no es sólo un poder político: una ciudad; sino también un poder religioso: una mujer. Ya hemos visto que la Escritura emplea a la mujer como símbolo de] pueblo de Dios, ya sea como una comunidad fiel (Apoc. 12:1) o como una comunidad infiel: una prostituta (Apoc. 17:5). La ciudad será destruida y la prostituta quemada con fuego (vers. 16).

En el Antiguo Testamento Babilonia representa la arrogancia humana y la rebelión contra Dios. La construcción de la torre de Babel (Gén. 11:1-9) representó tanto un rechazo de la dirección divina como un intento de autopreservación mediante el esfuerzo humano. Los babilonios llamaron a la ciudad Babilu, “puerta de los dioses”, sugiriendo que a través de la ciudad tenían acceso a los dioses. La Biblia prefirió interpretar ese nombre sobre la base de la palabra hebrea balal, confundir (vers. 9). La ciudad, lejos de ser un lugar de acceso a Dios, era un centro de confusión. Babilonia llegó a ser un símbolo apropiado para el archienemigo de Dios y de su pueblo (Jer. 50:24, 28, 29).

El libro de Apocalipsis usa el término Babilonia para describir al archienemigo de Dios y el remanente en el tiempo del fin. Juan aplica la imagen de una prostituta a Babilonia para recordarnos su verdadera naturaleza. Tal como se indicó anteriormente, el símbolo de una prostituta representa a una comunidad infiel a Dios. Dicha infidelidad se manifiesta en dos formas. En primer lugar, la comunidad rechaza la verdad de Dios y practica un sistema sincretista de adoración que es fundamentalmente un acto de idolatría (Jer. 2:23-25; Ose. 1-3). Pablo anunció que este proceso de apostasía entraría en la iglesia (2 Tes. 2:3; Hech. 20:28, 29) y llevaría a la pérdida o distorsión de importantes verdades bíblicas.

En segundo lugar, la infidelidad espiritual se manifiesta en un intento por depender del poder civil en lugar del poder divino para lograr las metas de la comunidad (Eze. 16:26-29; Lam. 1:21 9), desplazando a Dios y colocando su autoridad en manos del estado. El libro de Apocalipsis describe a los poderes malignos buscando el apoyo de los reyes de la tierra para impulsar sus planes contra Dios y el remanente (Apoc. 17:12, 13).

El proceso de la apostasía que Pablo predijo comenzó inmediatamente, se desarrolló durante la Edad Media, y alcanzará dimensiones universales en el tiempo del fin con el apoyo del protestantismo apóstata y el espiritismo. Luego la Babilonia escatológica amenazará la misma existencia del remanente (Apoc. 13:15). Pero el mensaje del segundo ángel proclama la caída de esa infame ciudad y el colapso de la coalición contra el pueblo de Dios. Esta caída es, en primer lugar, de tipo espiritual al unir sus fuerzas la bestia de] mar y el falso profeta con el dragón y los reyes de la tierra en contra del remanente y su mensaje. Esto resultará en la polarización de la raza humana. En segundo lugar, la caída es también la separación de la coalición y el fracaso del dragón (Apoc. 17:15, 16). Nos estamos acercando rápidamente hacia ambos eventos.

El mensaje del tercer ángel (Apoc. 14:9-11)

El mensaje del tercer ángel es una amonestación hecha a la raza humana para que despierte: una advertencia acerca de los peligros que se hallan ante nosotros. Describe vívidamente la experiencia de quienes se unirán a la coalición del dragón para pelear contra el Cordero. Quienes adoren al enemigo y acepten voluntariamente la marca de la bestia beberán del vino de la ira de Dios. El simbolismo de una copa de vino conteniendo la ira judicial de Dios contra el mal aparece con frecuencia en los escritos de los profetas Osa. 51:17; Jer. 25:15; Hab. 2:16), y señala hacia la destrucción final y definitiva de los pecadores. “Como una bebida embriagante, ésta priva de sus sentidos a quien deba tomarla, y lo hace tambalearse y caer, al punto de que no puede ponerse en pie nuevamente. La imagen transmite la idea de un juicio progresivo que lleva a la inconsciencia total”.[3] El grado del castigo depende de los actos de la persona (cf. Apoc. 22:12). El árbitro moral del universo acabará con el conflicto cósmico. Los malos perecerán en presencia del Cordero y de los ángeles; en otras palabras, serán testigos del domino del Cordero antes que mueran.

El libro de Apocalipsis toma prestado el lenguaje del anuncio profético de la destrucción de Edom para describir la erradicación total del mal y de los pecadores que no se arrepintieron en el universo. Isaías escribió: “Sus arroyos [de Edom] se convertirán en brea, y su polvo en azufre, y su tierra en brea ardiente. No se apagará de noche ni (le día, perpetuamente subirá su humo; de generación en generación será asolada, nunca jamás pasará nadie por ella” (Isa. 34:9, 10). Es un lenguaje de destrucción permanente y no de un tormento eterno. Juan emplea la misma imagen para anunciar la exterminación total y final de los malos. No hay descanso para ellos porque rechazaron el descanso que Cristo les ofreció (Mat. 11:28-30). Sin embargo, nadie necesita pasar por tal experiencia dolorosa porque Cristo ya bebió la copa de la ira de Dios por todos nosotros (Mar. 14:36).

Características del remanente

Después de describir el destino final de quienes siguen a la bestia y al falso profeta, el libro de Apocalipsis exhorta al remanente a permanecer leal a Dios. Una vez más encontramos el término “paciencia/resistencia” (véase Apoc. 13:10) y la necesidad de guardar los mandamientos (véase Apoc. 12:17). Pero también surge un nuevo elemento: ellos tienen la fe de Jesús. Podemos entender esa frase como que deben permanecer leales al mensaje de Jesús (véase 2 Tim. 4:7). Pero también podría indicar que ellos mantienen su fe en Jesús, es decir, ponen su fe en la obra que Cristo logró en su favor en la cruz. La ambigüedad de la frase sugiere la presencia de ambas ideas: que el remanente permanece leal al mensaje de Jesús, incluyendo el reconocimiento de que la salvación viene sólo por medio de la fe en él, Ellos creen que la ley y el evangelio no deben separarse uno de otro. Aquellos que han aceptado la salvación sólo a través de Cristo también guardan los mandamientos.

¡El plan de Dios triunfará, y nosotros somos parte de él!


Ángel Manuel Rodríguez (Th D. Andrews University)
Ex-director del Instituto de Investigación Bíblica de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día.



*Publicado originalmente en inglés en Ángel Manuel Rodríguez, Future Glory. The 8 Greatest End-Time Prophecies in the Bible (Hagerstown, MD: Review and Herald, 2002), 125-136. Véase también en español publicado por la Asociación Casa Editora Sudamericana en el año 2001.

[1]Elena G. de White, El conflicto de los siglos, pág. 707.

[2]G.B. Caird, A Comentary on the Revelation of St. ¨John the Divine (Nueva York: Harper and Row, 1966), 182, 183.

[3]Goppelt, “Poterion”, en Theological Dictionary of the NT, tomo 6, pág.149.