Esta es una investigación sobre el tema de la música y
la adoración, tanto en la Biblia como en la historia eclesiástica.
Mostrando entradas con la etiqueta Música cristiana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Música cristiana. Mostrar todas las entradas
23 dic 2014
11 may 2014
La
liturgia adventista está siendo desafiada por estilos contemporáneos de
adoración. Es suficiente revisar las colecciones de muchos intérpretes
musicales para ver la influencia de los ritmos contemporáneos.
¿Podemos
como iglesia revisar y contextualizar nuestra liturgia? Si esto es posible,
¿qué principios revelados deberían guiar nuestras decisiones al enfrentar estos
cambios?
El presente artículo tiene
el objetivo de revisar la validez o invalidez del uso de la batería en el
templo como parte de la adoración. Si la batería es la que puede cambiar el
cómo uno percibe un determinado canto, se hace indispensable este estudio.
31 mar 2013
Orientaciones básicas con respecto a la música cristiana que debe cantar, interpretar y escuchar cada adventista del séptimo día.
12 mar 2013
¿Qué puede decir del orden bíblico de la adoración?
¿Qué es lo correcto? ¿Cómo y cuándo debería llevarse a cabo?
La adoración pública
requiere algún tipo de orden. Por medio de la realización de ritos específicos,
los adoradores expresan su amor y gratitud al Creador y Redentor. No es posible
brindar una secuencia específica de actos que deben llevarse a cabo durante la
adoración, pero puedo mencionar algunos de los principales elementos y su
significado. Todo lo que sucede durante la hora de adoración debería tener una
base bíblica.
1. Adoramos
a Dios: Cuando nos reunimos debemos tener la clara convicción de
que vamos a adorar a Dios. Todo lo que nos distraiga debería ser descartado. De
hecho, cuando Dios es desplazado y los seres humanos se convierten en el
centro, la adoración se transforma en idolatría. Ante la tentación de seguir a
los ídolos, Dios le dijo a Israel: “¿A quién me asemejáis, me igualáis y me
comparáis, para que seamos semejantes?” (Isa. 46:5). Dios parece decir:
Exploren el universo y vean de encontrar a alguien como yo. Si lo hallan,
adórenlo. Pero inmediatamente añade: “Yo soy Dios, y no hay otro Dios, ni nada
semejante a mí” (versículo 9).
2. Oramos: Orar
es uno de los actos más sublimes de adoración privada y colectiva, por el cual
nos ponemos en contacto con el Señor. Las posturas físicas que adoptamos al
orar son significativas; deberíamos pensar en ellas cuando adoramos. Cuando nos
arrodillamos, rendimos nuestras vidas a Dios. Descendemos voluntariamente al
polvo de donde fuimos creados, reconocemos que nuestras vidas pertenecen a Dios
y esperamos que él nos otorgue sus bendiciones. A veces oramos de pie. Esta era
la postura de los que se acercaban al rey en busca de audiencia (véase Ester
5:2). Cuando nos ponemos de pie para orar nos colocamos como congregación
delante de nuestro Rey en audiencia privada. En otras ocasiones, oramos
sentados. Esta es la postura de un estudiante o niño que espera ser guiado o
instruido por el Señor, para poder servirlo (cf. 2 Rey. 4:38; Eze. 8:1; 2 Sam.
7:18). Mediante la oración expresamos nuestra gratitud a Dios por las
bendiciones recibidas y le pedimos que nos dé fuerzas para vencer los desafíos
y las tentaciones.
3. Cantamos: Nuestros
cánticos se dirigen a Dios, no a la congregación. Ésta adopta el mensaje de los
cánticos y los ofrece a Dios como si fueran propios. Los himnos no deberían
hablar de “mí” o de “nosotros”, sino del Ser que estamos adorando. Así es como
expresamos nuestros sentimientos, necesidades, amor y alabanzas a Dios por sus
abundantes bendiciones. El canto congregacional es un ritual por el cual se
expresa colectivamente la unidad de la iglesia, porque los feligreses elevan
sus voces para alabar al Señor con el mismo espíritu, fe y propósito. La unidad
de la iglesia y su unión con el Señor resucitado se expresan de manera única
por medio de este canto conjunto. Esta unión se logra a través de la expresión
de sentimientos religiosos comunes y de una fe que da forma a nuestra identidad
y nos permite incorporarnos a los cánticos de la familia celestial (cf. Sal.
148).
4. Ofrendamos: La
expresión de nuestra gratitud a Dios alcanza un clímax particular durante la
recolección de los diezmos y las ofrendas. Ese momento reafirma nuestro pacto
con el Señor. Mediante nuestros diezmos y ofrendas reconocemos que Dios nos ha
bendecido durante la semana, que es nuestro Señor y que todo lo que tenemos le
pertenece. Nuestras ofrendas indican que nuestro amor por él fluye libremente
de un corazón agradecido.
5. Proclamamos
la Palabra: Cada sábado, proclamamos la palabra desde el centro de
la plataforma. La adoración está centrada en la revelación que Dios hace de sí
mismo por medio de las Escrituras. Es un acto racional, porque la voz divina
resulta inteligible. Vamos a aprender de la Palabra, a ser animados por ella, a
recibir instrucción para el servicio cristiano, a ser disciplinados y a
regocijarnos en las buenas nuevas de salvación por medio de Cristo. Esto coloca
una pesada responsabilidad sobre los predicadores y también sobre los que
escuchan el mensaje. El propósito del sermón no es crear confusión u ocuparse
de controversias teológicas, sino permitir que la congregación oiga el mensaje
del Señor por medio de las Escrituras. Así nos aproximamos a Dios con corazones
abiertos en humildad y sumisión.
[1]Biblical Research Institute,
http://www.adventistbiblicalresearch.org/preguntasbiblicas/orden%20adoracion.htm
11 mar 2013
Alzar las manos en adoración
Ángel Manuel Rodríguez[1]
Ángel Manuel Rodríguez[1]
¿Hay
algún fundamento bíblico para la práctica cada vez más frecuente de alzar y
mover las manos durante la alabanza congregacional?
Esta pregunta podría parecer trivial, pero revela que estamos muy interesados en una adoración que esté basada en la Biblia y que no transgreda sus instrucciones. Implica al mismo tiempo que esta actividad está creando algunas tensiones. Me ocuparé aquí de analizar la utilización de las manos durante los actos de adoración. Quedará claro que en la Biblia, el uso ritual de las manos se llevaba a cabo principalmente durante la oración.
1. Acciones no verbales: Los gestos corporales juegan una importante función en la expresión de ideas y emociones. Los estudios sobre la función de las acciones de adoración no verbales nos ayudan a entender un poco mejor su significación. En la Biblia, solo tenemos el lenguaje de las posturas, gestos, movimientos y expresiones faciales. El arte del Cercano Oriente en la antigüedad ilustra muchos de esos gestos, que a su vez se mencionan en la Biblia como una práctica común en la adoración y oración.
2. Alzar las manos: Las expresiones “alzar las manos [yādîm]” o “alzar las palmas [kappayim]” son prácticamente sinónimas. Son utilizadas en contextos diferentes y en algunos casos expresan diferentes significados. “Alzar las manos” es un gesto que expresa adoración en el contexto del culto. Se exhortaba a los que ministraban en el templo diciéndoles: “Alzad vuestras manos al santuario y bendecid a Jehová” (Sal. 134:2). El gesto indicaba que el objeto de las alabanzas era el Señor y que toda la persona participaba de la acción. También se utilizaba para presentar una oración de súplica al Señor (Sal. 28:2), como si la oración fuera colocada en la palma de la mano y elevada al Señor pidiéndole que la acepte (Sal. 141:2). En otros casos, el gesto expresa la disposición de la persona de recibir del Señor lo que fue solicitado (Sal. 63:4, 5; Lam. 2:19). Pero el alzar las manos también parece expresar algo más profundo, algo relacionado con el corazón humano: “Levantemos corazón y manos al Dios de los cielos” (Lam. 3:41). La acción de levantar las manos se corresponde con la elevación del ser interior del adorador hacia una comunión con Dios.
3.
Extender las manos: En este caso el verbo es pārash (“extender”),
y expresa la imagen de las manos que eran extendidas hacia la persona, no
necesariamente hacia arriba. En ocasiones se dice que el adorador extendía sus
manos hacia el templo y hacia los cielos (1 Rey. 8:38, 39, 54; Sal. 44:20), o
al Señor (Éxo. 9:33). Esta acción se realizaba particularmente durante las
oraciones de súplica (1 Rey. 8:54; Isa. 1:15; Éxo. 9:29; Lam. 1:17) o cuando
existía la profunda necesidad de la presencia de Dios (Sal. 143:6). En Salmos
88:9 leemos: “Te he llamado, Jehová, cada día, he extendido a ti mis manos”. La
necesidad del salmista era tan intensa que clamó al Señor para que lo ayudara.
En su profunda necesidad, el adorador se dirige al Señor y extiende sus manos
hacia él pidiendo ayuda. Este gesto más intenso era una expresión de la
dependencia que tiene el ser humano de Dios (Sal. 44:20) y la devoción del
corazón por el Señor (Job 11:13).
4. ¿Y
entonces? Hasta dónde puedo determinar, en la Biblia no se necesita
agitar las manos durante la adoración. Era común, sin embargo, alzar las manos
(1 Tim. 2:8). La Biblia no prescribe gestos de manos durante la adoración, pero
describe las prácticas aceptadas. El arte cristiano primitivo indica que los
cristianos solían orar con los brazos y las manos extendidas hacia los lados
para representar con sus cuerpos la crucifixión. Hoy día solemos juntar
nuestras manos por delante o por detrás de nuestro cuerpo, o simplemente las
dejamos colgando a los lados. En ocasiones las juntamos cruzando los dedos, una
práctica común entre los antiguos romanos y sumerios. Otras veces unimos las
palmas y los dedos apuntan hacia arriba, una práctica común para los budistas e
hinduistas. La introducción de cambios en nuestras iglesias, influidos
por los movimientos carismáticos, podría perturbar el desarrollo de una
adoración que debería estar centrada en el Creador y Redentor y en su Palabra.
Acaso sea mejor seguir la práctica usual de la congregación donde como
comunidad nos reunamos a adorar al Señor.
[1]Biblical Research Institute,
http://www.adventistbiblicalresearch.org/preguntasbiblicas/alzarmanosenadoracion.htm
Muchos, en la actualidad, están utilizando los estilos de música y liturgia del mundo evangélico.
Este acto, de tomar prestado, se ha generalizado porque creen que es correcto: como los evangélicos son nuestros hermanos, imitémoslos.
¿Es apropiado tomar prestado los estilos de música (incluyendo la liturgia) que se usa en el evangelicalismo?
¿Qué riesgos teológicos y de estilo de vida correría el adventismo si copiara estos estilos de música?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




