Este artículo enfoca el tema del sábado en el Apocalipsis, particularmente en la sección central de la estructura literaria (Ap 11:19-15:4), evidenciando su importancia en los episodios finales de la gran controversia entre Cristo y Satanás. Se destaca el texto de Apocalipsis 14:7, su relación con Éxodo 20:8-11, y la enemistad en contra de la ley de Dios como se percibe en Daniel 7:25 y sus paralelos en Apocalipsis 13. La conclusión es que el conflicto final entre Cristo y Satanás involucra el mandamiento del sábado y un llamado a toda la humanidad para que adore al Señor en el día designado por Él.
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25 sept 2014
El autor presenta la relevancia del reposo sabático en la crisis final. Según la profecía, el sábado se convertirá en el sello de Dios y será el centro de la controversia final.
14 may 2013
El sellamiento y el fuerte pregón
Michael
Orellana Méndez
Introducción
¿Se puede descubrir lo que significa el sello de Dios en Apocalipsis
7? Es un desafío muy grande y requiere la máxima atención a las diversas
porciones de las Escrituras que guardan relación con este tema.
El
sellamiento
El sellamiento no es una figura totalmente nueva en las
Escrituras. Su verdad recorre el texto bíblico, desde el inicio hasta el final.
De hecho, se dice del mismo Abraham que éste fue sellado por la circuncisión (Ro
4:11).[1]
Por lo tanto, es necesario recordar lo que la Escritura enseña sobre el
sellamiento a lo largo de la historia de la salvación y de esa manera estar en
condiciones de interpretar correctamente lo que Apocalipsis intenta describir.
Justamente, antes del éxodo se necesitó una distinción
especial para el pueblo de Dios. Dentro de las especificaciones de la pascua se
le pidió al pueblo de Israel que pintara el dintel de sus puertas con la sangre
del Cordero (Éx 12:7). Esta señal sirvió para distinguir al israelita de quien
no lo era. Todo primogénito de la casa que no tenía esta marca simplemente
murió durante la noche de la décima plaga sobre Egipto. En este hecho, podemos
observar que el sellamiento tiene el propósito de distinguir al pueblo de Dios
justamente antes del castigo divino sobre los paganos.
Entre todas las imágenes relacionadas con el sellamiento
en el Antiguo Testamento, ninguna es tan cercana al Apocalipsis, tanto en género
como en contenido, como la visión que Ezequiel tiene acerca del escribano (Ez
9). Esta visión muestra que, justamente antes de la destrucción de Jerusalén,
un varón vestido de lino quien llevaba en su cintura un tintero de escribano
colocó una señal en la frente de los justos.[2] Esto
se hace nuevamente, para diferenciar al justo del injusto, y para que los
castigos no afecten igualmente a los dos.
Por otro lado, si estudiamos la palabra griega traducida por
sello (sfragis)[3]
descubriremos que todos sus usos en el Nuevo Testamento caen en la metonimia.
Es decir, esta palabra alude a otra con un significado fuera del literal. De
tal manera, que cuando el apóstol Pablo escribe “sello” lo hace para describir
realidades espirituales como la certificación, marcación y verificación del
verdadero cristianismo o incluso de su apostolado (1 Co 9:2; 2 Ti 2:19). Esto
rememora la costumbre de sellar los documentos antiguos con símbolos de la autoridad
del emisor. Esto se hacía para evitar suspicacias de todo tipo y, por lo cual,
las marcas inconfundibles eran vitales ¡Incluso la tumba de Jesucristo fue
sellada![4] A
través del sello se asegura la veracidad y origen de un documento. Además, este
sellamiento asegura la protección del objeto sellado, la inaccesibilidad a él y
su pertenencia.[5]
Este hecho es ilustrado ampliamente por los sellos encontrados en las
excavaciones arqueológicas en Asiria[6] y
en el propio Israel.[7]
Adicionalmente, el apóstol Pablo se refiere al
sellamiento en términos sacerdotales cuando lo equipara con la unción del
Espíritu Santo (2 Co 1:22; Ef 1:13; 4:30). De acuerdo con lo que él escribió, solamente
el Espíritu Santo puede producir este sello en la vida del creyente. La cita de
Pablo es simplemente una nueva presentación del ungimiento que era practicado
en el sistema sacerdotal del Antiguo Testamento. Dentro de este sistema, ningún
sacerdote podía ministrar sin recibir primeramente la unción (Lv 8:12; Éx 40:9-11).
Ni siquiera el santuario podía funcionar como tal sin ella (Éx 40:13-15). De
tal manera, el ungimiento llegó a ser la demarcación territorial de lo que le
pertenece a Dios y está consagrado a él. A fin de cuentas, sólo Dios puede
aprobar o desaprobar a quien quiere (Ro 9:16).
Sin embargo, existe un énfasis adicional dentro de las
profecías apocalípticas. Pues este sellamiento ocurre poco antes de que sean desatados
los vientos impetuosos del océano (Ap 7:1-4). En primer lugar, recordemos que
este sello lo tiene un ángel que sube desde donde nace el sol. Para la mayoría
de estudiosos, ésta es una referencia directa a Cristo.[8] En
segundo lugar, quienes reciben este sello son los miembros del célebre grupo de
los 144 000. Estos mismos aparecen nuevamente de pie sobre el monte Sión junto
al Cordero (Ap 14:1). Es evidente que para entonces se encuentran victoriosos y
gozosos de experimentar algo semejante a lo que Moisés experimentó cuando cruzó
el mar rojo (Ap 14:3; 15:3). Obviamente, su experiencia es aún mayor.
Una característica esencial de este grupo es que en sus
frentes estarán escritos los nombres del Cordero y de su Padre (Ap 14:1). Esto alude
exactamente lo que ocurría con el sumo sacerdote cuando llevaba las palabras
“santidad a Jehová” (heb. qodesh
laYehwah), escritas en una placa de oro sobre su mitra. De esta
manera, queda explicado aún más el sentido de este sello como un retrato de la impresión
del carácter Divino en la vida del hombre.[9] En
resumen, el sello es el trazado hecho por el Espíritu Santo en la vida del
creyente y que consiste en la santidad del carácter.[10]
Por otro lado, Apocalipsis coloca a los sellados en posición antagónica con los
que han recibido la marca de la bestia (Ap 15:3). Estos últimos también
recibieron una marca pero de confección enfáticamente humana (Ap 13:18).[11] Si
comparamos ambas cosas, el sello del capítulo siete de Apocalipsis tendría
además un carácter definidamente específico. El tal apuntaría a la santidad del
carácter, pero reflejada de un modo muy particular en el guardar del cuarto
mandamiento de la ley de Dios (Ez 20:20; Ex 20:8).[12]
Debido a que la señalización de los israelitas ocurrió
justamente antes de que el ángel destructor pasara por Egipto (Ex 12:13) y esto
mismo volvió a suceder en ocasión de la destrucción de Jerusalén (Ez 9:6), se puede
esperar que el sellamiento descrito en Apocalipsis 7 ocurrirá antes de las
plagas. Es necesario saber quién tiene el sello de Dios y quién tiene la marca
de la Bestia justo antes de la primera plaga (Ap 16:2). Este sellamiento, una
obra del Espíritu Santo, se está realizando a lo largo del mensaje de los tres
ángeles.[13]
Este evangelio eterno predicado por los tres ángeles
tiene un efecto creciente similar al de la semilla de mostaza (Mt 13:31-32).
Esta semilla, aunque pequeña, empieza a crecer mucho de manera imperceptible.
La misma realidad es graficada en Proverbios 4:18 cuando se afirma que “…la
senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el
día es perfecto”. Pues bien, el sellamiento sobre los hijos de Israel, el
remanente espiritual, se va acrecentando a tal punto que en los símbolos
apocalípticos se materializa el cumplimiento de las profecías clásicas
referentes a la restauración de Israel y de esa manera alcanzan su clímax en la
disposición de un Israel espiritual plenamente restaurado con sus doce tribus
completamente selladas.[14]
El sellamiento se realiza mientras el mensaje de los tres ángeles es proclamado
por todo el mundo, a cada tribu, lengua y nación. Cuando esto se termine, la
restauración plena del Israel espiritual estará lista y solo faltará la caída
de las plagas antes de entrar en la Canaán celestial para la posesión de las
promesas recibidas.
Cabe preguntar entonces. ¿Existe algo que podamos hacer
para recibir el sello de Dios? El mismo mensaje de los tres ángeles responde: “¡Temed
a Dios y dadle gloria! ¡Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra!” (Ap
14:7). El mensaje no podía ser más claro. La única manera de recibir ese
sellamiento es hacer la parte que nos toca, la cual está explícita en este
mensaje.
El fuerte pregón
El ángel que Juan ve no es totalmente diferente de los
otros que ya vio (Ap 18:1). La palabra “allon”, traducida como “otro”, significa “algo que es del mismo tipo que lo
anterior”.[15]
Es decir, el ángel de Apocalipsis 18 no es algo así como
un cuarto ángel o un ser totalmente diferente con un mensaje controvertidamente
distinto. En realidad, se trata del mismo mensaje del segundo ángel (14:8),
pero amplificado.[16]
Es muy importante distinguir esa semejanza para no construir la falsa teoría de
un nuevo remanente dentro del remanente.
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Comparación entre el mensaje del segundo ángel con el otro ángel de Apocalipsis 18:1
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Mensaje del
segundo ángel de Ap 14:8
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Mensaje del ángel de Ap 18
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¡Ha caído, ha
caído Babilonia!
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¡Ha caído, ha caído
Babilonia!
¡Se ha hecho habitación de demonios!
¡Salid de ella, pueblo mío!
¡Sus pecados han llegado
hasta el cielo!
¡En una hora vino tu juicio!
¡En ella se halló la sangre
de los profetas y de los santos!
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En la comparación de estos dos mensajes se puede percibir
la amplificación de su contenido. Los elementos adicionales se encuentran en el
contexto de juicio. Babilonia ha sido juzgada. Sus pecados han sido
descubiertos y el cielo está emitiendo sentencia. El mensaje de Apocalipsis 14
es intensificado en el capítulo 18. Entonces, lo que tenemos aquí no es un
cuarto ángel sino una explicación con más detalle del segundo.
Este aspecto es descrito por el hecho de que “la tierra
fue alumbrada con su gloria”. Esta iluminación es inherente a la misma gloria (do,xa) que puede ser traducida como “esplendor” o “brillo”.[17] Es
importante recordar que la iluminación de todo hombre fue siempre el propósito
del plan de salvación. Tal como lo expresa el evangelio de Juan: “Aquella luz
verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Jn 1:9). Los
propósitos misioneros de Cristo se logran justamente cuando este ángel ilumina
el mundo entero con su luz. Esto no significa obviamente que todo el mundo
responda a su llamado. De hecho, lo hombres suelen rehuir la luz verdadera
porque aman más las tinieblas (Jn 3:19-20).
Es importante leer el capítulo 18 a la luz del capítulo 17.[18]
¿Por qué? Porque el proceso de la caída de Babilonia ocurre justamente en el
tiempo de la sexta cabeza de la bestia escarlata (Ap 17:10)[19] y
porque la destrucción de Babilonia (cap. 18) es la contraparte del triunfo del Cordero
(cap. 17).[20]
No es el propósito de este artículo discurrir la identificación de cada una de
estas cabezas; sin embargo, es esencial recordar que esta sexta cabeza señala
el tiempo cuando justamente no está en acción el poder pleno de la Bestia. El
mismo apóstol lo afirma al escribir que “La bestia que has visto, era, y no es
y está para subir del abismo” (Ap 17:8). El único contexto posible lo
encontramos en el capítulo 13 cuando la bestia empieza a sanar de su herida
mortal. Esto es lo que ocurrirá cuando la Bestia esté por generar una
resurrección de su poder en su propia imagen. Es entonces cuando se cumplirá plenamente
la iluminación del mundo por parte de este poderoso ángel (Ap 18:1). Dicho en
términos más sencillos, cuando el papado esté a punto de recuperar su posesión
de poder total a través de las iglesias protestantes apóstatas, entonces
ocurrirá el fuerte pregón que inundará la tierra del conocimiento de Dios tal
como las aguas cubren el mar (Hab 2:14).
Conclusión
El sellamiento es la impresión del carácter divino en el remanente
que aún queda y que sólo el Espíritu Santo puede realizar. Este sellamiento se
realiza a lo largo del mensaje de los tres ángeles, pero de una manera
muchísimo más notoria al inicio del fuerte pregón, cuando los que reciban el
sello de Dios tendrán pleno poder para terminar la predicación del evangelio.[21] El
aspecto visible de esta inscripción es el guardar el sábado como cuarto
mandamiento de la ley divina. La obediencia a esta ley diferencia
automáticamente a los sellados por Dios de los esclavos de la Babilonia
Mística. Queda al remanente fiel seguir divulgando su mensaje y obedecer para
disfrutar de las bendiciones que implica estar sellado por el Espíritu Santo.
Publicado en la Revista de Teología Estrategias 6, no. 2 (2009): 87-94.
[2]Estos justos son descritos como
israelitas que claman por todas las abominaciones que se cometían en Jerusalén
(Ez 9:4). Esta visión no tiene referencias a un futuro escatológico. Sin
embargo, su naturaleza es muy similar a la contenida en Apocalipsis 7. Para
comentarios adicionales ver Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista
del séptimo día, trads. Ampuero Matta y Nancy Vhymeister (Miami: Publicaciones
Interamericanas, 1990), 4:637.
[3]Timothy Friberg, Bárbara Friberg y
Neva F. Miller, “σφραγίς”, Analytical Lexicon of the Greek New Testament, CD-ROM, Biblioteca Digital
Libronix 3.0c (Grand Rapids: Baker Books, 2000). En adelante ALGNT.
[6]Pauline Albenda, “Of Gods, Men and
Monsters on Assyrian Seals”, Biblical Archaeologist 41, no 1-4 (1997): 15-20.
[7]El sello de esta ilustración contiene
las palabras “Perteneciente a Shema… sirviente de Jeroboam”. Este Jeroboam es, probablemente,
Jeroboam I quien gobernó justamente después de la división del reino del norte
y el reino del sur. De ser así, la figura del león representaba tanto a Israel como
a Judá. Associates for
Biblical Research, “Our Cover”, Bible and Spade 1, no 1 (1972): 2.
[8]Hans K. La Rondelle, Las profecías del fin (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana,
1999), 157.
[9]Siempre fue el propósito de la Deidad
que el hombre llevase en sí mismo su propia imagen. Las palabras hebreas
“imagen” (~l,c), y “figura”(tWmD>) de Génesis 1:26 hacen hincapié en esto.
[10]Carlos A. Steger, “O que significa
`Viver sem intercessor”, en O Futuro: A visão adventista dos últimos
acontecimentos, Alberto R. Timm, Amin A. Rodor y Vanderlei Dorneles, eds. (Sao Paulo:
Casa Publicadora Brasileira, 2004), 208. En adelante OF.
[11]El mismo Apocalipsis aclara que el
número es de hombre y que se repite tres veces. La repetición triple no es otra
cosa sino una burlesca imitación del trisagio del libro de Isaías (Is 6:3). En
concordancia con esto, el mismo apóstol Pablo identifica a la entidad emisora
de este falso sello como “el hombre de pecado” (1 Ts 2:3-4).
[12]El mensaje de este remanente (Ap
14:7-9) tiene una relación directa con su sellamiento (Ap 15:2-3). Si el
remanente reclama adoración verdadera (sábado) y luego logra ser vencedor sobre
la marca de la bestia; esto indica que ambas cosas están antitéticamente
conectadas.
[13]“Se denomina sellamiento a un proceso
espiritual, invisible para los ojos humanos, que se halla en marcha y que finalizará bien pronto, al fin
del tiempo de gracia” (énfasis añadido). Fernando Chaij, Preparación para la crisis final
(California:
Pacific Press, 1966), 45.
[14]Es imposible interpretar las doce
tribus de Israel como literales siendo que once de ellas se perdieron después
de la caída de Samaria el año 722 a.C. En los propios días de Ezequiel la
restauración de las doce tribus de Israel solo podían tener un cumplimiento no
estrictamente literal (Ez 48:2; 7:23-29).
[15]alloj denota otra cosa
del mismo tipo. Esto contrasta grandemente con ἕτερος que conlleva la idea de algo
totalmente diferente. T. Friberg, Friberg
y Miller, “alloj”, ALGNT, 44.
[19]Antolín Diestre Gil, El sentido de la historia y la
palabra profética (Barcelona: CLIE, 1995), 2: 535.
[20]Ekkerhardt Müeller, “Insight into
the Christology of the Book of Revelation”, en Cristología, Heber Pinheiro, et. al
(Cochabamba, Bolivia: Universidad Adventista de Bolivia, 2009), 106.
7 may 2013
El sello de Dios, el sellamiento y los 144 000
Edgard A. Horna
Santillán, hijo
Dale Ratzlaff, un
ex adventista, rechaza el sábado como sello de Dios y como prueba de lealtad
para el tiempo del fin. Para él, no tiene sentido guardar el sábado y recibir
al mismo tiempo el evangelio de Cristo.[1]
¿Por qué? ¿Está en lo cierto lo que declara Ratzlaff? ¿Qué relación tiene el
sábado con el evangelio? Además, la Biblia describe dos tipos de sellos
divinos, con relación a Apocalipsis 7. ¿Cuál se aplica a este capítulo? ¿Qué
mensaje tan importante tiene el sellamiento capaz de cortar la secuencia de los
dos últimos sellos?
En este estudio,
basándonos sobre Apocalipsis 7, se desea también identificar a los 144 000
sellados ¿Éste número es literal o simbólico? Las respuestas se encuentran en
la sola
Scriptura.
El sello de
Dios en Apocalipsis 7
La Biblia describe
dos sellos divinos. Primero, el evangélico, identificado por Pablo como la
seguridad de salvación del creyente dada por el Espíritu Santo (Ef 1:13; 4:30;
2 Co 1:21, 22). Cristo nos “ha ungido” y, por lo tanto, “también nos ha
sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones” (2 Co
1:22). No obstante, el sello del Espíritu Santo “no debe identificarse
completamente con el único sello apocalíptico que los ángeles colocarán”,[2]
en las frentes de los siervos de Dios (Ap 7:1-3).
Segundo, el sello
escatológico o apocalíptico incluye, según Veloso, “un elemento espiritual
invisible y un elemento formal visible. Los dos están relacionados con Dios”.[3]
El primero es el nombre o el carácter del Cordero y del Padre, escritos en sus
frentes (Ap 14:1), mientras que el segundo, implica lealtad a Dios a través de
la observancia del sábado, porque establece el título de Dios, su poder creador
y su jurisdicción universal.[4]
Ezequiel afirma: “y les di también mis sábados, para que fuesen por señal entre
mí y ellos, para que supiesen que yo soy Yahvéh que los santifico” (20:12). Elena
de White comenta: “El sábado será la gran piedra de toque de la lealtad; pues
ése es el punto especialmente controvertido. Cuando esta piedra de toque les
sea aplicada finalmente a los hombres, entonces se trazará la línea de
demarcación entre los que sirven a Dios y los que no le sirven. Mientras la
observancia del falso día de reposo (domingo), en obediencia a la ley del
Estado y en oposición al cuarto mandamiento, será una declaración de obediencia
a un poder que está en oposición a Dios, la observancia del día de reposo
(sábado), en obediencia a la ley de Dios, será señal evidente de la lealtad al
Creador. Mientras que una clase de personas, al aceptar el signo de la sumisión
a los poderes del mundo, recibe la marca de la Bestia, la otra, por haber
escogido el signo de obediencia a la autoridad divina, recibirá el sello de
Dios”.[5]
En este sentido,
el sello escatológico, aparte de ser la señal de protección contra las siete
últimas plagas de la ira de Dios (Ap 16), es una señal externa añadida al
sellamiento interno del Espíritu, como señal de aprobación divina durante la
última prueba de fe. Tiene un “propósito diferente que el de asegurar la
salvación personal”.[6]
Esto implica que “no hay evangelio sin el sábado y no hay sábado sin el
evangelio. La Escritura combina inseparablemente los dos, especialmente en los
acontecimientos de los tiempos finales”.[7]
El
sellamiento
El sellamiento de
Apocalipsis 7 es una pausa (interludio) en la secuencia de los siete sellos. Es
parte del tiempo del sexto sello y “ocurre antes del séptimo, durante el tiempo
del juicio investigador”;[8] al mismo tiempo completa el tema del quinto sello (Ap
6:9-11): la gran tribulación del pueblo de Dios. Responde a la pregunta: “¿y
quién podrá sostenerse en pie?” (6:17). Esta cuestión también la plantearon
Joel (2:11), Nahum (1:6) y Malaquías (3:2). La respuesta que dan es: teniendo
un arrepentimiento verdadero (Joel 2:12-27; Nah 1:7; Mal 3:3, 4). Nahum insiste
que solo Yahvéh es “fortaleza en el día de angustia; y conoce a los que en él confían”
(1:7). Promesa similar que aparece en Apocalipsis 7.
Mientras se
realiza el sellamiento, cuatro ángeles (7:1) frenan en la tierra para que no
sea destruida por las guerras (4 vientos, Jer 49:36; Dn 7:2; Zac 6:5). Esto
indica que “la acción bélica es muy inflamable”.[9] Su ubicación en los cuatro ángulos de la tierra
(puntos cardinales, v. 1; cf. Is 11:12; Ez 7:2; Ap 20:8), implica que la crisis
final es universal y que el sellamiento se ejecuta en la tierra.
Esta advertencia
también la hizo Jesús refiriéndose al tiempo del fin (Mt 24:6). La crisis es
causada por los poderes perseguidores y por la ira del Cordero manifestada en
el castigo a los perseguidores con las siete últimas plagas (Ap 6:16, 17;
15:1). Solo son contenidos por intervención divina, así lo sugieren los
participios estwtaj “de pie” y kratountaj “deteniendo” (v. 1). Un quinto ángel con “el sello del
Dios vivo” (7:2) ordena a los otros ángeles que sigan con su tarea hasta que se
haya completado (v. 3) el sellamiento de los 144 000. Éste ángel es el tercero
de Apocalipsis 14,[10] y por la frase “donde nace el sol” (7:2; cf. Isa
41:2, 25; Ez 43:2; Mal 4:2) representa a Cristo como el sol de Justicia.[11]
El propósito del
sellamiento es “mostrar quiénes se sostendrán en pie en el día de la
retribución”.[12] El
remanente debe integrar a su vida el carácter de Dios y la observancia del
sábado. El creyente se define a favor de Dios. La obediencia al cuarto
mandamiento se convierte en una señal de santificación. Así se alienta al
remanente a ser perseverantes hasta el fin en su fe en Cristo. Los 144 000
pueden “permanecer firmes en el día del Señor sin temor, porque tienen un
refugio contra la ira del Cordero”.[13] Dios ha prometido: “Yo soy tu escudo” (Gn 15:1; cf.
Sal 28:7; 119:114). Note, que el sellamiento estará seguido por el fin del tiempo
de gracia,[14] y
cuando se inicie la gran tribulación, el sello divino protegerá a quien lo
tenga.
Los 144 000 son
identificados como “siervos de Dios” (Ap 7:3). Dios conoce a los suyos (2 Ti
2:19) y el sello indica propiedad. Por eso, ellos serán protegidos en el tiempo
del Fin (Mal 3:16-18). La protección divina es esencial para el pueblo de Dios
que pasará esta prueba. Esta es la promesa adicional, establecida con seguridad
en Ap 7. Dos tipos históricos apoyan el propósito del sellamiento. Para cuidar
a su pueblo del ángel de la muerte, Dios había ordenado a Israel que pintara
los dinteles de sus casas con la sangre de un cordero (Éx 12:13). Esta señal
era una expresión de su confianza en la protección de Yahvéh frente al juicio
sobre Egipto, era además señal de que pertenecían al Dios del pacto. En la
visión de Ezequiel, 6 ángeles son enviados a Jerusalén para matar a los
idólatras que había en el templo y en la ciudad.
Pero un ángel
especial es enviado para colocar una señal en la frente de los arrepentidos (Ez
9:4). Estos fueron protegidos, Dios ordenó: “a ninguno de los marcados toquen”
(9:6). Note que la justicia divina se aplicó después de que el ángel completó
su tarea de señalar (v. 10). En ambos textos se da la misma secuencia: primero
el sellamiento y después la aplicación de los juicios divinos. De esta forma,
Apocalipsis 7 es el anti tipo de los tipos históricos. Ello implica que solo
los sellados sobreviven a las plagas postreras (Ap 16).
Finalmente, el
sellamiento apocalíptico según Apocalipsis 22:11, “significa la fijación
definitiva del carácter”.[15] Esto implica un “afianzamiento en la verdad, tanto
intelectual como espiritual, de modo que los sellados son inconmovibles”.[16] Esto depende del estudio de las Escrituras y nuestra
relación con Dios. Debe considerarse además que el sello apocalíptico lo
recibirán quienes hayan recibido el sello del evangelio del Espíritu de Cristo.
Los 144 000
El número es
simbólico; el texto así lo exige.[17] Este grupo estará con el Cordero en el monte Sión,
porque son sin mancha (Ap 14:1-15) y “representa la totalidad de los redimidos
del último tiempo. Todo el remanente del fin”;[18] es decir, los que fueron sellados para la crisis
final.
Las doce tribus en
este sentido tienen que ser espirituales. Corresponde al Israel espiritual de
Dios, perfecto y completo, salido de todos los pueblos de la tierra. El número
144 000 es descompuesto por Juan en 12 x 12 x 1000. El número 12 señala algo
completo. Éste debe “entenderse en su significado en el sistema del pacto como
representando al pueblo del pacto o el reino de Dios. La multiplicación expresa
la totalidad del pueblo de Dios en el tiempo del fin”.[19] Así el “número 144 000 representa al pueblo del pacto
de Dios en todo el mundo durante la crisis final de la era cristiana”.[20] En este sentido, es símbolo de simetría, hermosura
unidad y perfección (Ef 5:25-27; cf. Ap 14:5) del pueblo escatológico de Dios.
Entonces, a la
pregunta de Apocalipsis 6:17, el capítulo 7 responde “el remanente santo que ha
salido victorioso del juicio divino (Ap 7:1-8) y que luego es presentado ante
el trono de Dios como un pueblo glorificado (vv. 9-17)”. Isaías (4:3-6),
Malaquías (3:16-18) y Daniel (12:1) plantean que habrá un remanente en el
tiempo del fin. Daniel afirma que solo los registrados en el cielo como
ciudadanos del reino de Dios serán librados de la tribulación final (vv. 1, 2).
Este grupo es protegido no solo de la muerte física, sino de los poderes
sobrenaturales de destrucción, tanto demoniacos (Ap 9:4) como divinos (Ap 16). Solo
así se cumple la promesa: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia,
yo también te guardaré de la hora de prueba que ha de venir sobre el mundo
entero” (Ap 3:10).
La “gran multitud”
mencionada en la segunda parte de la visión no es un grupo diferente. Es la
gente redimida y glorificada que había “salido de la gran tribulación” (Ap 7:9,
14), están en el cielo “delante del trono y en la presencia del cordero” (Ap
7:9). Estos, los 144 000, son presentados en una escena posterior a la segunda
venida de Cristo. Allí estarán todos los hombres “de toda raza y lengua y
nación” (Ap 5:9, 19; 7:9; cf. Ro 4:12, 16; Gá 3:26-29). En este sentido, se
puede establecer que la primera parte de Ap 7 describe a la iglesia militante, y la segunda a la iglesia triunfante.[21]
Note que Juan no
declara que vio 144 000 israelitas, solo dice: “y oí el número” (Ap 7:4).
Cuando se da vuelta para ver a los sellados, solo vio una gran multitud de
vencedores, “la cual nadie podía contar” (Ap 7:9).[22] En la visión del capítulo 14, Juan ve a los 144 000
también “delante del trono” (v. 3) mientras “siguen al Cordero por dondequiera que
va” (v. 4). De esta forma, “Juan identifica a los 144 000 israelitas espirituales
como los innumerables creyentes en Cristo, el Cordero de Dios”.[23] “El verdadero Israel de Dios no está limitado a 144
000 judíos literales, sino que es un símbolo de la totalidad del Israel
espiritual entre toda la raza humana”.[24]
Este grupo está vestido de blanco (7:9)
y han salido de la gran tribulación (Dan 12:1; Mt 24:21, 22). Ellos “han lavado
sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (7:14). No se
puede interpretar literalmente el texto. Está cargado de significado
espiritual. Ellos “han lavado las ropas de su carácter por la fe y confianza en
la muerte expiatoria del Cordero”.[25] Esto señala la eficacia de la cruz en la redención del
hombre (1 P 1:18, 19; cf. 1 Jn 1:7) y es a su vez, el secreto de la victoria
(cf. 7:15). Solo así se puede entender que no se hayan “contaminado” con otras
ideas religiosas ajenas a la Biblia, “siguen al Cordero por dondequiera que va”
(14:4); en “sus bocas no fue hallada mentira” (14:5) y que sus vidas sean
protegidas durante la gran tribulación.
Apocalipsis 7
termina con la expresión: “el Cordero que está en medio del trono” será el
Pastor (7:14, 17; cf. Is 49:19; Ez 34:23). También se les asegura que “Dios
enjugará toda lágrima de los ojos de ellos” (Ap 7:17; 21:4). No hay mejor
promesa en la Biblia para aquellos que pasarán la crisis más difícil que le
tocará vivir al pueblo de Dios.
Conclusión
El sello de Dios
tiene una dimensión externa e interna para los siervos de Jesucristo en el
tiempo del fin. Por un lado, es interna puesto que el Espíritu Santo sella como
una señal de aprobación. Por otro lado, es una señal externa que, sobre la base
de la Biblia y los escritos de la Sra. White, viene a ser el sábado. Este
sellamiento, tanto interno como externo, no abole ni el evangelio ni la
observancia del sábado.
El sellamiento,
según Apocalipsis 7, tiene dos connotaciones: (1) Es una señal que identifica a
los hijos de Dios que no recibirán las plagas postreras, (2) Es la fijación
definitiva del carácter. Por el contexto del capítulo estudiado, los 144 000 no
pueden ser un número literal sino simbólico. Con relación a la Gran Multitud,
los 144 000 y la Gran Multitud, según las Escrituras, son el mismo grupo.
Artículo publicado en la Revista de Teología Estrategias 6, no. 2 (2009): 29-36.
Artículo publicado en la Revista de Teología Estrategias 6, no. 2 (2009): 29-36.
[2]Hans K. LaRondelle, Las profecías del fin (Buenos Aires: Asociación Casa
Editora Sudamericana, 1999), 153; varios autores creen que el sello de
Apocalipsis 7 es el Espíritu Santo, ver Ralph Bass, Back to the Future: A Study
in the Book of Revelation (Greenville, SC: Living Hope, 2004), 204; Stewart Custer, From Patmos to Paradise: A
Commentary on Revelations (Greenville, SC: BJU Press, 2004), 87.
[3]Mario Veloso, Apocalipsis y el fin del mundo (Nampa, ID: Publicaciones
Interamericanas, 1998), 128.
[4]C. Mervyn Maxwell, Apocalipsis: sus revelaciones (Buenos Aires: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 1991), 190; cf. Elena de White, Sign of the Times, marzo 22, 1910; cf. Ibíd., Review and Herald, julio 13, 1897.
[5]Elena G. de White, El conflicto de los siglos (Mountain View, CA: Publicaciones
Interamericanas, 1954), 663; Ibíd., Patriarcas y Profetas (Mountain View, CA: Publicaciones Interamericanas,
1955), 315.
[6]LaRondelle, 153; cf. Grant R.
Osborne, Revelation, Baker Exegetical Commentary on the
NT (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2002), 310.
[8]Veloso, 128; LaRondelle afirma: “las
señales cósmicas introducen el día del juicio”. Ver LaRondelle, 150.
[9]Veloso, 128; “angustia sin
precedentes”, Ver Gulley, 381, 517; cf. Elena de White, Comentario bíblico adventista, trads. Ampuero Matta y Nancy
Vhymeister (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1995), 7:978,
de aquí en adelante CBA; Carta 79 (1900);
White ve también “terremotos, tempestades y lucha política”, Testimonio para Ministros (Buenos Aires: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 1961), 452; Ibíd., Review and Herald, junio 7 (1887); Osborne, 306.
[11]Heinrich Kraft, Die Offenbarung des Johannes, Handbuch z. NT 16a (Tübingen: J.
C. B. Mohr, 1974), 125.
[13]LaRondelle, 151; cf. Ralph E. Bass, Back to the Future: A Study
in the Book of Revelation (Greenville, SC: Living Hope Press, 2004), 200; Osborne, 302.
[16]Elena White, Eventos de los últimos días (Buenos Aires: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 1992), 224; ver CBA, “Comentarios de Elena de White”, 7A:171; 4:1183.
[17]Una interpretación literal tiene varios
problemas sin solución: (1) la gracia divina limitada solo a 144 000 de cada
tribu en el tiempo del fin contradice la extensión que tiene el mensaje de los
tres ángeles (cf. Jn 10:16; Ef 2:19; Fil 3:20; Heb 3:1); (2) la existencia de
descendientes directos y puros por cada tribu es bien difícil de probar ya que
las tribus se mezclaron durante el exilio babilónico; (3) la lista de Ap 7
(José y Leví se incluyen) no es exactamente la misma que las de Gn 49 y Ez 48;
observaciones similares hacen varios autores, Ver Osborne, 303.
[19]LaRondelle, 156; Ezell afirma que el
número es la multiplicación de doce (apóstoles) por diez (número de lo
completo) y elevado a la tercera potencia (número de la deidad); ver Douglas Ezell,
Revelations
on Revelation (Waco, TX: Word Books, 1977), 60; Ralph, 204; Osborne, 310.
[21]R. C. H. Lenski, The Interpretation of St.
Johh’s Revelation (Minneapolis,
MN: Augsburg, 1963), 245.
[22]Este modelo de oír, y luego volverse a
ver, es usado por Juan en Ap 1:12, 13; 5:5, 6. Lo que él ve es una aclaración
de lo que primero solo había oído; cf. David Aune, Revelation 6-16, en Word Biblical Commentary (Dallas:
Word, 2002), 52B:459.
[24]LaRondelle, 155; cf. R. H. Charles, The Revelation of St. John. 2ts. ICC (Edinburgo: T&T
Clark, 1975), 1:200; Bass, 202; “de todas las épocas”, ver G. K. Beale, The Book of Revelation: A
Commentary on the Greek Text, en The New International Greek Testament Comentary
(Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1999), 412.
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